La Dolce Vite continuaba recibiendo clientes cuando el teléfono de Davinna comenzó a sonar sobre la mesa de trabajo. Acababa de terminar la decoración de una pequeña tarta de pistacho y estaba explicándole a Chiara algunos cambios que quería realizar en los pedidos de la semana. Se limpió las manos con un paño antes de revisar la pantalla y sonrió al reconocer el nombre de Alessandra, la organizadora encargada de los preparativos de su compromiso. Habían hablado varias veces durante los últimos días, aunque todavía quedaban algunas decisiones importantes por tomar, entre ellas la selección definitiva del banquete.
—Alessandra, buenos días. ¿Ocurrió algo? —preguntó Davinna mientras se apartaba de la mesa para buscar un lugar donde pudiera conversar sin interrumpir el trabajo de los demás.
—Nada malo, señora Allen. Solamente quería recordarle que todavía tenemos pendiente la degustación del menú. El chef necesita conocer sus preferencias para comenzar a coordinar los ingredientes y las cantidades. Habíamos pensado recibirla mañana en el restaurante, pero podemos adaptarnos a su disponibilidad —explicó Alessandra con su habitual profesionalismo.
Davinna miró brevemente las bandejas de pasteles que acababa de preparar y consideró la propuesta. Durante los últimos días había tenido que tomar varias decisiones relacionadas con la recepción y, aunque disfrutaba organizando los detalles, no quería hacerlo todo sin Matthias. Él podía mostrarse indiferente ante cuestiones como los arreglos florales o el diseño de las invitaciones, pero seguía siendo su compromiso. Además, le hacía ilusión descubrir qué platillos prefería y compartir con él aquella parte de los preparativos.
—Me gustaría que la degustación fuera en el Palazzo Angelini, Alessandra. Si es posible, esta misma tarde. Quiero que Matthias participe y que podamos elegir juntos el menú —respondió mientras se acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja—. Podemos utilizar el comedor principal. Hay espacio suficiente para que el chef trabaje cómodamente.
—Por supuesto. Me comunicaré con su equipo y organizaremos todo para las cinco. Llevaré una selección de aperitivos, primeros y segundos platos, además de algunas propuestas para el servicio de bebidas. ¿Desea que incluyamos los postres?
—Los postres los prepararé yo —contestó Davinna con una sonrisa, observando las pequeñas tartas que descansaban sobre la mesa—. De hecho, estoy trabajando en algunas muestras. Quiero que prueben tres opciones antes de decidir cuáles serviremos.
Alessandra aceptó encantada y prometió encargarse de los detalles. Cuando terminó la llamada, Davinna regresó junto a Gemma, que estaba acomodando varios recipientes dentro de una caja. La muchacha parecía concentrada en su trabajo, aunque cada cierto tiempo dirigía una mirada hacia la entrada, donde Elio permanecía conversando discretamente con uno de los guardias.
—Tendremos una degustación esta tarde en el Palazzo —anunció Davinna mientras recogía una pequeña cuchara para probar una de las cremas—. Necesito que me ayudes a llevar estas muestras. Quiero que todo esté listo antes de que llegue Alessandra.
—Por supuesto, señorita. ¿Llevaremos también las tartaletas de limón? —preguntó Gemma, acercándose para observar las bandejas.
—Sí, y las de pistacho. Las de chocolate todavía necesitan un poco más de refrigeración. —Davinna dejó la cuchara a un lado y observó a la muchacha con una sonrisa discreta—. Por cierto, Gemma, ¿desde cuándo te llevas tan bien con Elio?

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