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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 130

—Tu hija sigue viva. Por ahora.

—Lo sé. Francesco fue bastante claro cuando pregunté por ella —respondió Cesare, sin mostrar la preocupación que Matthias habría esperado de un padre cuya hija permanecía prisionera.

Aquella tranquilidad llamó su atención.

—Entonces supongo que vienes a negociar su liberación —comentó, estudiando cuidadosamente el rostro del hombre.

Morello negó lentamente.

—No. He venido a dejar clara mi posición respecto a lo ocurrido.

Matthias permaneció callado.

Cesare tomó un sorbo de whisky antes de continuar.

—Devora cometió una estupidez al involucrarse con Salvatore Vitale. No voy a justificarla ni a fingir que desconocía esa relación. Sabía que se acostaban, Matthias. Lo descubrí algunos meses después de la muerte de Leonel y le advertí que tuviera cuidado.

El capo apoyó un brazo sobre el sillón.

—Qué considerado de tu parte.

—Mi hija era viuda y mayor de edad. No tengo por qué vigilar con quién folla ni con quién deja de hacerlo —replicó Morello, sosteniéndole la mirada sin vacilar—. Leonel llevaba muerto bastante tiempo cuando descubrí lo que estaba haciendo. No me correspondía elegirle un amante.

Matthias asintió lentamente.

—En eso estamos de acuerdo. Lo que sí te correspondía vigilar era qué información revelaba tu hija mientras se abría de piernas para un enemigo de los Angelini.

Cesare apretó ligeramente la mandíbula.

—Le advertí que jamás comprometiera los intereses de nuestra familia.

—Y, sin embargo, Salvatore conocía asuntos que no debería haber conocido —respondió Matthias, inclinándose hacia delante mientras su expresión perdía cualquier rastro de indiferencia—. Devora admitió que hablaba con él sobre negocios, reuniones y discusiones de Leonel. Quizá para ella eran estupideces sin importancia. Para un hombre que estaba preparando una emboscada, podían ser exactamente lo que necesitaba.

Morello permaneció inmóvil.

—No sabía que le estuviera proporcionando información —afirmó después de unos segundos, observando cómo Matthias lo estudiaba sin pestañear.

—Eso todavía está por demostrarse.

El silencio se extendió entre ambos. Desde la terraza podía escucharse la música del salón principal y el murmullo de algunas conversaciones lejanas. Cerca de la entrada, los escoltas habían encendido cigarrillos y conversaban discretamente mientras esperaban.

Los hombres de Matthias también aprovecharon para fumar un buen habano.

Desde que Davinna se había instalado en su residencia, el capo había prohibido terminantemente que cualquiera encendiera un cigarrillo cerca de ella. Ni siquiera Francesco podía fumar dentro de la casa, y los guardaespaldas habían terminado acostumbrándose a abandonar las instalaciones cuando necesitaban hacerlo. Aquella noche, lejos de la futura señora Angelini, disfrutaban de una libertad que últimamente se había vuelto bastante escasa.

Matthias observó brevemente el humo antes de regresar su atención hacia Morello.

—¿Qué quieres, Cesare?

El hombre dejó su vaso sobre la mesa.

—Que hagas lo que consideres necesario con Devora. Si debes matarla, ponle una maldita bala entre las cejas.

Matthias no respondió inmediatamente.

Había esperado exigencias, amenazas veladas o alguna propuesta de intercambio. Incluso había considerado la posibilidad de que Cesare ofreciera dinero o territorios a cambio de recuperar a su hija.

No esperaba aquello.

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