La organizadora de eventos llegó al Palazzo Angelini poco antes del mediodía.
Davinna la recibió en uno de los salones principales, acompañada de Gemma, quien había preparado café y algunos bocadillos para la reunión.
—Alessandra Bellini, señorita Allen. Es un placer conocerla.
—Igualmente. Tome asiento, por favor.
La mujer abrió una carpeta y extendió varias fotografías sobre la mesa.
—El señor Angelini ha solicitado una celebración extraordinaria. Me ha asegurado que el presupuesto no representa ningún problema.
Davinna sonrió.
—Eso no me sorprende.
—También insistió en que usted tendría la última palabra.
Aquello sí la sorprendió.
—Entonces será mejor que empecemos.
Alessandra comenzó a mostrarle diferentes propiedades, salones y propuestas de decoración.
Davinna examinó cada fotografía con atención.
Había crecido en una familia adinerada y, aunque Carlotta la detestaba, no podía negar que le había enseñado muchas cosas. Su madre había sido extremadamente exigente con los modales, la vestimenta y el comportamiento durante las reuniones sociales.
Las grandes celebraciones no eran desconocidas para ella.
Había asistido a suficientes cenas benéficas, aniversarios empresariales y recepciones privadas como para reconocer una buena organización.
—Prefiero una villa con jardines amplios —decidió—. Quiero una recepción al aire libre y una cena en un espacio cubierto. La decoración puede ser en tonos marfil, champán y dorado, pero sin exageraciones.
Alessandra tomó notas.
—¿Flores?
—Naturales. Centros de mesa bajos, iluminación cálida y una orquesta durante la cena. Después podemos tener música más animada.
—¿Y el menú?
—Quiero revisar personalmente las opciones. Especialmente los postres.
Gemma sonrió.
—En eso nadie podrá competir con usted, señorita.
Davinna soltó una pequeña risa.
Sin embargo, había algo que necesitaba consultar antes de continuar.
—Gemma, ¿podrías pedirle a Elio que venga?
El guardaespaldas apareció pocos minutos después.
—¿Me necesitaba, señorita?
—Sí. Siéntate. Necesito que me expliques cómo funcionan las celebraciones entre las familias de la mafia.
Elio intercambió una mirada con Gemma antes de acomodarse.
—¿Qué desea saber?
—Todo lo que debería tener en cuenta para organizar mi compromiso.
—En primer lugar, no será una celebración exclusivamente familiar. Asistirán aliados, empresarios y representantes de otras organizaciones. La distribución de las mesas será importante.
Davinna tomó su libreta.
—¿Por qué?
—Hay familias que mantienen diferencias. No conviene sentarlas demasiado cerca.
—Entiendo. ¿Qué más?
—La seguridad. Habrá controles de acceso, vigilancia exterior y personal distribuido por toda la propiedad.
—¿Incluso durante la cena?
—Especialmente durante la cena.
Davinna suspiró.
Organizar una fiesta para mafiosos comenzaba a parecerse demasiado a preparar una reunión diplomática.
—¿Y las bebidas?
—El licor no puede faltar. Whisky, coñac, vinos de reserva y champán de excelente calidad. Aunque seguramente el señor Angelini se encargará personalmente de eso.
—Perfecto. Una preocupación menos.
—También sería conveniente disponer de un salón reservado para conversaciones privadas.
Davinna levantó la cabeza.
—¿Van a hacer negocios durante nuestro compromiso?
Elio guardó silencio.
—Increíble —murmuró ella—. Está bien, tendrán su salón.
—Se lo comunicaré al señor.
Gemma se retiró un momento y apareció con una pequeña porción de pastel de almendras.
Cuando Gemma le entregó el plato al guardaespaldas ofreciendo un trozo del postre, sus dedos se rozaron. Ella retiró la mano rápidamente y bajó la mirada.
El guardaespaldas era demasiado apuesto, aquello no podía negarse.

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