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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 123

Habían escuchado suficientes comentarios sobre las influencias del capo para comprender que, si decidía investigar, podía descubrir cosas que jamás habrían imaginado.

—¡Ya hemos tenido suficientes problemas por hoy! —intervino Carlotta, sujetando a Donatella de la mano—. Claudio, vámonos.

Donatella se dejó arrastrar, aunque antes de llegar a la puerta volvió la cabeza hacia Davinna.

Sicario, que había trepado hasta el hombro de la joven, la observaba fijamente.

El pequeño capuchino enseñó los dientes.

Donatella se estremeció.

—¡Y mantén a esa bestia lejos de mí!

Sicario respondió con un chillido que consiguió que Davinna apretara los labios para no reírse.

Matthias se limitó a señalar la salida.

Claudio tomó a su esposa por el brazo y los tres abandonaron finalmente La Dolce Vite.

El silencio que dejaron detrás resultó extraño.

Davinna permaneció inmóvil durante unos segundos, mirando la puerta por la que acababa de desaparecer su familia. Había deseado tantas veces encontrar el valor para enfrentarse a ellos que creyó que, cuando finalmente lo consiguiera, sentiría una satisfacción absoluta.

Y, en parte, la sentía.

Pero también había algo doloroso en comprender que acababa de expulsar de su vida a las personas cuyo cariño había buscado desde que tenía memoria.

Bajó lentamente a Sicario al mostrador y llevó ambas manos hacia su vientre.

La curva de su embarazo sobresalía bajo la tela del vestido. Acarició aquella pequeña prominencia mientras intentaba ordenar sus pensamientos, aunque las lágrimas volvieron a acumularse en sus ojos.

No entendía qué había hecho para merecer tanto desprecio.

Había pasado su infancia intentando ser una buena hija, obteniendo buenas calificaciones, obedeciendo las órdenes de sus padres y procurando no causar problemas. Cuando creció, continuó esforzándose por conseguir que se sintieran orgullosos de ella.

Nunca había sido suficiente.

Y ahora, incluso embarazada, su madre había sido incapaz de mostrarle un poco de consideración.

Matthias observó cómo se le hundían ligeramente los hombros.

La conocía lo suficiente para comprender que estaba intentando contener el llanto. Sin embargo, lo que más le desconcertaba era la actitud de los Allen. Había visto familias crueles, padres capaces de utilizar a sus propios hijos como instrumentos de negociación y madres que sacrificaban cualquier cosa por conservar una posición social.

Pero el desprecio que Carlotta y Claudio parecían sentir por Davinna era aún más difícil de comprender.

Especialmente cuando trataban a Donatella como si fuera incapaz de cometer un solo error.

Matthias no dijo nada al respecto. No quería añadir más preguntas a las que ya atormentaban a Davinna. Pero pensaba averiguar que ocurría en esa familia.

Se acercó por detrás y le rodeó suavemente la cintura, colocando una de sus enormes manos sobre las de ella.

—No estés triste, pastelito —murmuró junto a su oído—. Esa gente no te merece.

Davinna soltó una risa amarga.

—Son mis padres, Matthias.

—Eso no significa que tengan derecho a tratarte como lo hacen. Siempre puedo matarlos.

Ella bajó la cabeza.

—No entiendo por qué nunca me han querido.

Matthias apretó ligeramente los brazos alrededor de ella.

—Hay personas que son demasiado miserables para reconocer lo que tienen delante.

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