Matthias se acomodó los puños de la camisa mientras observaba a Claudio. La propuesta de negociar había despertado su interés, aunque no precisamente porque necesitara algo de aquel hombre. Tenía suficiente dinero para comprar Allen Holdings varias veces si se lo proponía, pero existían otras maneras de castigar a una familia que había pasado años humillando a Davinna.
Antes de continuar, volvió ligeramente la cabeza hacia ella. Davinna permanecía junto al mostrador, con una mano apoyada sobre su vientre y la otra sujetando el borde de la madera. Sus ojos verdes se encontraron con los de Matthias y, por primera vez desde que comenzaron los disparos, sintió que podía respirar con cierta tranquilidad. No porque hubiera olvidado lo ocurrido, sino porque él estaba allí. Conocía su carácter, su violencia y aquella facilidad aterradora con la que conseguía que los demás obedecieran sus órdenes. Sin embargo, nunca se había sentido tan segura como en aquel momento.
Matthias sostuvo su mirada unos segundos, asegurándose de que estuviera bien, antes de regresar su atención a Claudio.
Y, sobre todo, había un asunto que llevaba varios días ocupando parte de sus pensamientos.
Valentino.
Francesco le había entregado un informe bastante interesante sobre el marido de Donatella. El imbécil estaba prácticamente arruinado. Sus inversiones habían fracasado, acumulaba deudas considerables y algunos de sus acreedores comenzaban a perder la paciencia. Lo único que todavía mantenía a flote su apariencia de empresario exitoso era el apellido de su esposa y la posibilidad de acceder a la fortuna de Claudio Allen.
Matthias sabía perfectamente lo que ocurriría tarde o temprano. Valentino terminaría buscando la manera de apropiarse de cuanto pudiera conseguir de aquella familia, y lo más probable era que Donatella colaborara encantada mientras continuara creyendo que su marido era un hombre extraordinario.
Aquello le importaba una m****a.
Si Valentino quería desplumar a Claudio, podía hacerlo. Incluso le resultaría entretenido contemplar cómo aquellos desgraciados se destruían entre ellos.
Pero había algo que no estaba dispuesto a permitir.
Que el dinero que algún día debería pertenecerle a Davinna terminara en manos de Valentino o de su maldita hermana.
Y pensaba asegurarse de ello mucho antes de que el imbécil consiguiera arrastrar a toda la familia a la ruina.
—Muy bien, Allen. Hablemos de negocios —respondió finalmente, cruzándose de brazos—. ¿Cuánto vale tu empresa?
Claudio frunció el ceño, desconcertado por el cambio de conversación.
—¿Mi empresa?
—Allen Holdings. No voy a preguntártelo dos veces.
Claudio vaciló. No comprendía qué relación podía existir entre la agresión contra Davinna y el valor de su compañía, pero conocía lo suficiente a Matthias para saber que negarse a responder no sería una buena decisión.
Depende de qué activos incluyamos en la valoración. Tenemos participaciones en distintas sociedades, propiedades comerciales y varias inversiones que...
—No te he pedido un informe financiero —lo interrumpió Matthias—. Quiero saber cuánto vale.
Claudio mencionó una cifra aproximada, procurando mantener la voz firme. Matthias escuchó sin mostrar sorpresa. Francesco ya había investigado parte de los negocios de Allen Holdings y sabía que la valoración presentada por Claudio no reflejaba necesariamente la situación real de todas sus empresas.
Davinna observaba a su padre desde el otro extremo del establecimiento. Lo conocía lo suficiente para identificar la tensión en su mandíbula y la manera en que intentaba mantener una apariencia de autoridad. Había crecido viendo cómo Claudio imponía sus decisiones sin permitir que nadie lo contradijera. En su casa, bastaba con que levantara la voz para que todos guardaran silencio, especialmente ella.
Pero ahora era diferente.

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