Entrar Via

El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 118

—¡Claudio, vámonos! ¡Estos hombres están locos! ¡Mira lo que han hecho! ¡Todo por culpa de esa maldita muchacha! ¡Siempre ha sido una desgracia para nuestra familia!

Aquellas palabras terminaron de romper la poca paciencia que le quedaba a Davinna. Salió de detrás del mostrador a pesar de las advertencias de Elio y se enfrentó a sus padres, con las mejillas húmedas y una expresión de rabia que consiguió hacer callar a Carlotta durante unos segundos.

—¡Basta! ¡Estoy harta de que me culpen por todo lo que ocurre en sus malditas vidas! —exclamó, señalando la puerta—. ¡Yo no les robé nada! ¡No les pedí que vinieran aquí y mucho menos que entraran a insultarme delante de mis empleados! ¡Esta es mi pastelería, la construí con mi trabajo y no tienen ningún derecho a venir a destruirla!

—¡Baja la voz cuando le hables a tu madre! —ordenó Claudio, avanzando un paso hacia ella.

Davinna lo miró con una mezcla de dolor y desprecio.

—¿Mi madre? —repitió, volviéndose hacia Carlotta—. ¡Ella no es mi madre! ¡Nunca se ha comportado como una! Una madre no humilla a su hija, no la desprecia durante toda su vida ni la golpea porque está embarazada. ¡Jamás me has querido, Carlotta! ¡Jamás! Y estoy cansada de seguir fingiendo que algún día vas a hacerlo.

Carlotta abrió la boca, indignada.

—¡Maldita ingrata! ¡Después de todo lo que sacrificamos por ti, todavía te atreves a decir semejantes barbaridades!

—¡No sacrificaste nada por mí! —replicó Davinna, con la voz quebrada por la emoción—. ¡Todo lo que he hecho ha sido intentar conseguir que me quieras aunque sea una pequeña parte de lo que quieres a Donatella! ¡Pero ya no voy a seguir mendigando tu cariño! ¡No quiero volver a verte! ¡Lárgate de mi pastelería y no regreses jamás!

Donatella soltó una carcajada llena de desprecio.

—¡Mírala, mamá! ¡Ahora resulta que es una víctima! ¡La pobre Davinna, siempre tan sufrida! —se burló, acercándose mientras señalaba su vientre—. ¡Lo único que hiciste fue acostarte con algún imbécil para que te mantuviera! ¡Seguro que ni siquiera sabes quién es el padre de ese bastardo!

Davinna sintió que la sangre le hervía.

—¡No vuelvas a hablar de mi hijo! —advirtió, avanzando hacia su hermana.

—¿O qué? ¿También vas a pegarme como hiciste con mamá? —replicó Donatella, acercándose tanto que prácticamente quedaron frente a frente—. ¡Atrévete, maldita zorra! ¡Vamos, hazlo!

Claudio intentó interponerse, pero Donatella lo apartó de un empujón y se abalanzó sobre Davinna, sujetándola del cabello. Elio reaccionó inmediatamente, aunque antes de que pudiera alcanzarlas ocurrió algo que ninguno esperaba.

Sicario saltó desde el respaldo de una silla.

El pequeño capuchino aterrizó sobre la cabeza de Donatella, aferrándose a sus cabellos con ambas manos mientras emitía chillidos ensordecedores. La mujer soltó un grito desgarrador y comenzó a sacudir la cabeza, intentando quitárselo de encima, pero el mono se aferró todavía más fuerte y empezó a tirarle del cabello con una furia que parecía completamente desproporcionada para su tamaño.

—¡QUÍTENME ESTA COSA! ¡MAMÁ, AYÚDAME! —chilló Donatella, dando vueltas sobre sí misma mientras Sicario le arrancaba varios mechones de cabello.

Davinna retrocedió sorprendida, llevándose una mano a la boca. A pesar del miedo y de todo lo ocurrido, estuvo a punto de soltar una carcajada al ver a su hermana girando desesperadamente por la pastelería mientras el pequeño capuchino parecía decidido a arrancarle hasta el último cabello.

—¡Maldito animal, suéltala! —ordenó Carlotta, intentando acercarse sin conseguir que el animal le prestara atención.

Carlotta comenzó a gritar que aquel mono estaba rabioso, mientras Claudio intentaba sujetar a su hija para impedir que terminara golpeándose contra alguna mesa. Elio consiguió finalmente acercarse lo suficiente para tomar a Sicario por el chaleco y apartarlo de Donatella, que cayó de rodillas sobre el suelo, llorando de rabia y sujetándose la cabeza.

El capuchino continuó chillando entre los brazos de Elio, mostrando los dientes cada vez que Donatella intentaba levantarse.

—¡Maldita bestia! ¡Voy a hacer que lo maten! —gritó ella, incorporándose con ayuda de su padre mientras examinaba los mechones de cabello que habían quedado sobre el suelo.

Davinna levantó inmediatamente la cabeza.

—¡No te atrevas a tocar a Sicario! —advirtió, colocándose frente a Elio mientras el mono continuaba protestando.

Donatella la miró con un odio que parecía haber terminado de consumir cualquier resto de sensatez. Tenía el cabello completamente revuelto, el maquillaje corrido y una expresión desencajada. Sin escuchar las advertencias de Claudio, avanzó nuevamente hacia su hermana y levantó la mano con la intención de descargarle una bofetada.

Pero no llegó a tocarla.

Una mano enorme se cerró alrededor de su muñeca.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Heredero del Arrogante Millonario