Cuando regresó al Palazzo Angelini, la casa estaba prácticamente en silencio. Matthias había pasado antes por otra propiedad para ducharse y cambiarse, eliminando cualquier rastro de lo ocurrido durante aquel día. Llevaba pantalones oscuros y una camisa limpia, con las mangas arremangadas hasta los antebrazos. Aunque todavía tenía asuntos pendientes relacionados con los Vitale y los Morello, había decidido que podían esperar hasta la mañana siguiente. Francesco contaba con instrucciones suficientes para continuar las investigaciones sin necesidad de consultarlo a cada momento.
Elio lo acompañó hasta la entrada, pero Matthias le indicó que podía retirarse después de confirmar que no existían novedades relacionadas con la seguridad de Davinna. Los hombres asignados a la residencia permanecían en sus puestos, nadie había intentado acercarse a la propiedad y Gemma había informado que la joven cenó sin inconvenientes antes de retirarse a descansar. Aquellas noticias fueron suficientes para que Matthias guardara el teléfono y subiera al dormitorio principal.
La puerta estaba entreabierta y una de las lámparas de la mesita permanecía encendida, iluminando suavemente la enorme cama donde Davinna dormía profundamente. Tenía el cabello castaño extendido sobre la almohada, una mano descansando cerca del vientre y las mantas acomodadas alrededor de sus piernas. Sobre la mesita había un vaso de agua y un pequeño plato vacío que probablemente había contenido alguno de los dulces que Gemma se empeñaba en prepararle desde que supo que estaba embarazada.
Sicario ocupaba un pequeño cojín junto a la ventana y levantó la cabeza apenas Matthias entró. El capuchino lo observó con atención, siguiendo sus movimientos mientras se incorporaba sobre sus pequeñas patas. Matthias llevó un dedo a los labios y le dirigió una mirada de advertencia.
—Ni se te ocurra hacer ruido —murmuró, señalándolo discretamente antes de acercarse a la cama.
Sicario ladeó la cabeza y después volvió a acomodarse, aunque no dejó de vigilarlo. Matthias sospechaba que el animal había desarrollado una especie de obsesión con Davinna, porque últimamente parecía incapaz de permanecer lejos de ella. Incluso había comenzado a mostrar cierto desagrado cuando alguien intentaba acercarse demasiado mientras descansaba, una actitud que habría resultado bastante conveniente si no fuera porque también lo incluía a él.
Matthias se detuvo junto al colchón y permaneció unos segundos observándola.
Bajó la mirada hacia el rostro relajado de Davinna. Una de sus mejillas estaba ligeramente hundida contra la almohada y tenía los labios entreabiertos mientras respiraba tranquilamente. Se inclinó para apartarle un mechón de cabello que había quedado sobre su frente, procurando no despertarla. Ella se removió apenas, frunciendo el ceño durante un instante antes de acomodarse nuevamente.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Matthias.
Davinna había sido muy específica respecto al lugar donde debía dormir. Le había ordenado que utilizara una de las habitaciones de invitados hasta que consiguiera perdonarlo, y él había aceptado sin discutir demasiado. Sin embargo, mientras la observaba, comenzó a considerar un detalle que ella aparentemente había pasado por alto.
Le había prohibido dormir en el dormitorio principal.
Pero jamás había dicho que debían dormir separados.
Matthias se inclinó cuidadosamente, deslizó un brazo por debajo de las rodillas de Davinna y el otro detrás de su espalda antes de levantarla con facilidad.
Davinna se movió apenas sintiendo que abandonaba el colchón. Matthias se detuvo inmediatamente, esperando que no despertara, pero ella únicamente murmuró algo incomprensible y acomodó la mejilla contra su pecho. Una de sus manos terminó aferrándose ligeramente a la tela de su camisa mientras buscaba una posición más cómoda entre sus brazos.
Matthias sonrió con evidente satisfacción.
—Puedes echarme de tu habitación todo lo que quieras, pastelito, ero parece que sigues prefiriendo dormir conmigo —murmuró, acomodándola mejor antes de dirigirse hacia la puerta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Heredero del Arrogante Millonario