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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 110

—Sí —admitió Devora, y la palabra salió acompañada de una respiración temblorosa. Tenía el cabello pegado al rostro y los dedos entumecidos por el frío, pero consiguió levantar la cabeza para mirar a Matthias—. Salvatore sabía algunas cosas porque yo se las contaba. ¿Eso es lo que querías escuchar? Hablábamos de reuniones, de negocios que todo el mundo conocía, de discusiones entre Leonel y otros hombres. Cosas sin importancia. Nada que no pudiera averiguar preguntándole a cualquier maldito imbécil de Palermo.

Matthias permaneció inmóvil. No esperaba que la primera admisión llegara acompañada de una explicación tan extensa, pero tampoco pensaba confundir aquellas palabras con una confesión completa. Devora había pasado años dentro de la organización y conocía perfectamente la diferencia entre una indiscreción y una traición.

—¿Y esperas que crea que durante todos esos años te acostaste con uno de nuestros enemigos y jamás le dijiste algo que pudiera perjudicarnos? —preguntó mientras se inclinaba hacia delante. La observó durante unos segundos, buscando alguna vacilación—. Salvatore participó en la muerte de Leonel. Tú eras su esposa. Comprenderás que me cueste creer en semejante coincidencia.

Devora apretó los dientes. Aquella acusación consiguió enfurecerla incluso en las condiciones en que se encontraba.

—¡Yo fui fiel a Leonel! —exclamó, forcejeando contra las correas antes de obligarse a permanecer quieta—. Nuestro matrimonio no era perfecto, pero jamás habría ayudado a asesinarlo. Era mi esposo, Matthias. Llevaba su apellido. ¿Qué demonios habría ganado entregándolo a sus enemigos? ¡No soy una puta traidora!

Matthias hizo una señal a Francesco. Una nueva descarga interrumpió las palabras de Devora y la obligó a tensarse contra la silla. Cuando terminó, ella necesitó varios segundos para recuperar el aliento. Matthias esperó sin mostrar impaciencia, aunque comenzaba a comprender que insistir en las mismas preguntas no iba a proporcionarle necesariamente una respuesta distinta.

—Vuelve a pensar en lo que acabas de decir —le indicó, observando cómo ella levantaba lentamente el rostro—. Salvatore conocía detalles de esta familia porque tú se los contabas. Quiero saber exactamente cuáles fueron esos detalles y quién más estaba enterado de que mantenían una relación.

Devora soltó una risa entrecortada. Tenía lágrimas acumuladas en los ojos, pero se negó a permitir que descendieran.

—Sabía que Leonel discutía con algunos socios, que a veces regresaba furioso de las reuniones y que había negocios que no marchaban como esperaba. Eso era todo. Jamás le entregué documentos, horarios ni nombres de tus hombres —respondió, intentando controlar la respiración—. Mi padre también sabía que follabamos.

Matthias dejó de moverse. Aquella última confesión había llegado casi como una aclaración insignificante, pero para él resultó mucho más interesante que todo lo anterior.

—¿Cesare conocía tu relación con Vitale? —preguntó, estudiando atentamente su rostro.

Devora asintió. Su padre nunca había sido un hombre sentimental y tampoco había fingido escandalizarse cuando descubrió que ella mantenía encuentros con Salvatore. Lo único que le había preocupado era que aquella relación no comprometiera los intereses de los Morello.

—Sí. Lo descubrió hace tiempo —respondió, todavía recuperándose—. Me dijo que tuviera cuidado, que no olvidara quién era y que jamás confundiera lo que hacía en la cama con los intereses de nuestra familia. No volvió a mencionarlo.

Matthias se recostó lentamente en la silla.

Cesare Morello no era un mafioso cualquiera. Su familia conservaba una influencia considerable en Calabria y mantenía conexiones comerciales y criminales en Sicilia. Los Morello no podían compararse con los Angelini en recursos o poder, pero poseían suficientes hombres, negocios y contactos para que una alianza con ellos hubiera resultado conveniente en su momento. Precisamente por eso se había celebrado el matrimonio entre Leonel y Devora. Aquella boda había unido dos organizaciones y también había permitido que Cesare se acercara a hombres y conversaciones que antes le habrían resultado inaccesibles.

Matthias recordó los informes sobre la muerte de su hermano. Las rutas conocidas de antemano, los movimientos que alguien había conseguido anticipar y la precisión con la que se había organizado la emboscada. Durante mucho tiempo había supuesto que el origen de aquellas filtraciones estaba entre los hombres que acompañaban directamente a Leonel. Pero Cesare había sido su suegro, había compartido mesas con él, cerrado acuerdos y mantenido conversaciones privadas. Además, conocía la relación de su hija con Salvatore Vitale. Eran demasiadas conexiones para ignorarlas.

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