La camioneta negra atravesó las puertas de la antigua residencia Angelini poco después. Elio conducía mientras Matthias revisaba los informes que Francesco le había enviado durante la madrugada. La tranquilidad que había experimentado junto a Davinna desapareció conforme avanzaba entre los documentos. Había demasiados asuntos pendientes y varios hombres que todavía debían responder por sus decisiones. Sin embargo, lo primero sería averiguar cuánto había conseguido ocultar Devora durante los años que llevaba viviendo bajo su techo.
Cuando descendió del vehículo, encontró a varios hombres trasladando cajas hacia el despacho. Francesco había cumplido sus órdenes literalmente. Habían registrado dormitorios, levantado alfombras, desmontado muebles y revisado hasta las pertenencias que Devora conservaba desde su matrimonio con Leonel. Matthias avanzó sin preocuparse por el desorden. Aquella casa podía restaurarse después. Los secretos que escondía su cuñada le interesaban bastante más.
—Espero que no tuviera demasiado apego al orden —comentó Francesco cuando lo recibió en el antiguo despacho de Leonel, apartando una caja para permitirle acercarse al escritorio.
Matthias examinó las carpetas abiertas y el teléfono que descansaba entre varios documentos.
—Te ordené que buscaras todo —respondió mientras tomaba el dispositivo y comprobaba que estaba protegido por una contraseña.
Francesco asintió, satisfecho con el trabajo realizado.
—Encontramos cuentas que desconocíamos, fotografías y registros de llamadas. Estamos recuperando los mensajes eliminados. La mayoría de los contactos sospechosos pertenecen a Salvatore —explicó, señalando las fechas que coincidían con supuestos viajes personales de Devora.
Matthias dejó el teléfono sobre el escritorio. La relación entre ambos ya no era un misterio, aunque todavía necesitaba determinar cuánto había sabido Devora sobre la muerte de Leonel.
—¿Algo más? —preguntó, abriendo una carpeta que contenía comprobantes bancarios.
—Su padre preguntó por ella esta mañana —informó Francesco, observando cuidadosamente la reacción de Matthias.
Aquello no lo sorprendió.
Devora nunca había sido únicamente la viuda de Leonel Angelini. Había nacido como Devora Morello, aunque utilizaba habitualmente el apellido materno antes de casarse. Su padre, Cesare Morello, dirigía una organización con considerable influencia en Calabria y conexiones importantes en Sicilia. Los Morello no podían competir directamente con el poder de los Angelini, pero poseían suficientes hombres, negocios y alianzas para convertirse en enemigos incómodos. El matrimonio de Devora con Leonel había fortalecido las relaciones entre ambas familias.
Y aquella sangre continuaba teniendo valor.
—¿Qué le dijiste? —preguntó Matthias, cerrando la carpeta.
—Que su hija está viva y permanece bajo custodia Angelini —respondió Francesco, cruzándose de brazos mientras esperaba instrucciones.
Matthias sonrió ligeramente.
—Perfecto. Mientras Devora siga respirando, Morello no moverá un solo hombre contra nosotros —aseguró, dejando claro que no pensaba desperdiciar aquella ventaja.
Francesco comprendió inmediatamente. Cesare podía exigir explicaciones, pero jamás arriesgaría abiertamente la vida de su hija.
—¿Qué piensa hacer con ella? —preguntó, consciente de que Devora había cometido suficientes traiciones para merecer una sentencia.
—Mantenerla viva mientras resulte útil. Quiero saber qué conocía sobre Leonel, qué le contó a Salvatore y cuánto sabe de Lo Sciacallo —respondió Matthias, sin mostrar la menor consideración por su antigua cuñada.
Francesco asintió y permaneció pensativo unos segundos.
—Ahora entiendo por qué ocultó sus planes con los Vitale. Si alguno de nosotros hubiera conocido sus verdaderas intenciones, habría existido otra oportunidad de que Salvatore se enterara —reconoció, sin reproche alguno.
Matthias sostuvo su mirada. Francesco llevaba demasiados años demostrando su lealtad para necesitar explicaciones.
—Exactamente. No podía arriesgarme —contestó, guardando el teléfono en la carpeta correspondiente.
El consigliere soltó una pequeña risa.
—Aunque organizar una boda para masacrar a sus enemigos sigue pareciéndome una locura.
—Funcionó —replicó Matthias, dando por terminada aquella discusión.
Francesco negó ligeramente con la cabeza. Era imposible discutir contra los resultados, aunque todavía quedaran enemigos vivos.
Matthias caminó hacia el escritorio y tomó otro expediente.
—Davinna no permanecerá escondida. Voy a convertirla en mi esposa cuanto antes —anunció, observando cómo Francesco levantaba inmediatamente la cabeza.
—¿Ella aceptó? —preguntó el consigliere, recordando perfectamente el carácter de la joven.
—Todavía tenemos algunos asuntos que resolver —respondió Matthias, sin intención de ofrecer detalles sobre la conversación de aquella mañana.

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