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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 106

Davinna giró hacia él y regresó la atención al armario. Había suficientes camisas, pantalones y trajes para dejar claro que aquello no era ropa de paso. Matthias no pensaba quedarse solo algunas noches ni parecía interesado en preguntarle qué opinaba. Simplemente ocupaba espacio con la seguridad de quien espera que los demás se acomoden a sus decisiones.

—Gracias. Por un momento pensé que Gemma había desarrollado una afición repentina por los trajes masculinos —comentó Davinna, pasando los dedos por la manga de una camisa antes de cerrar el armario—. ¿Cuándo pensabas avisarme de que pretendes mudarte a mi habitación?

No estaba escandalizada ni sorprendida. Sabía que Matthias no solía pedir permiso para reorganizar la vida ajena, pero quería ver hasta dónde pensaba llevar aquella idea.

Matthias ajustó el puño de su camisa y la miró. Esperaba una protesta explosiva, pero la encontró apoyada contra la puerta, cubierta con la sábana y observándolo con calma.

—Técnicamente, quien se mudó aquí fuiste tú, pastelito. Esta casa era mía mucho antes de que llegaras —señaló mientras tomaba su reloj de la cómoda.

—La casa, quizás. Mi cama es otro asunto —replicó Davinna, cruzándose de brazos.

No iba a permitir que confundiera lo de la noche anterior con una rendición. Habían follado porque ambos quisieron, pero eso no significaba que él no tuviera cosas que aclarar. Una cosa no tenía que ver con la otra.

—Dormiste bastante bien conmigo anoche —recordó Matthias con una pequeña sonrisa, colocándose el reloj.

—Y tú también. Felicidades —respondió ella, separándose del armario para caminar hacia la cómoda.

Tomó el vaso de agua que había dejado Gemma y bebió un trago.

—Fue un buen polvo —añadió al dejar el vaso.

La mano de Matthias se detuvo un segundo. Luego levantó la mirada y la estudió en silencio, sin esperar esa respuesta tan directa.

Davinna guardó la calma. Le había gustado oírlo decir la noche anterior que no quería a otra mujer en su vida, pero no pensaba salir corriendo tras él a pedir promesas.

En ese momento, Sicario asomó por la puerta y se quedó mirando.

—Pero no confundamos las cosas —continuó Davinna, señalando el armario—. Puedes dormir en la habitación de invitados.

Matthias entrecerró los ojos.

—¿Me estás echando de mi propia habitación?

—Estoy estableciendo dónde vas a dormir mientras siga enfadada contigo —aclaró ella, acomodando la sábana.

—Anoche no parecías demasiado enfadada —dijo él, acercándose.

—Anoche quería follar contigo —respondió sin vacilar—. Te deseaba y sigo deseándote, pero puedo disfrutar de un hombre y seguir molesta con él a la mañana siguiente.

Sicario emitió un sonido desde la puerta. El mono parecía divertido.

—Para evitar confusiones, hay algo que debes entender. Yo no voy a ser tu amante en turno.

Matthias apretó ligeramente la mandíbula. Ella no era una amante más.

—No lo eres.

A Davinna le había gustado saber que no competía más con ninguna mujer. No iba a mentir. Saber que no la ponía en el mismo lugar que a cualquier otra aceleró su pulso, pero no significaba que iba a conformarse con sus palabras bonitas. Aunque ahora comprendía que todo tuvo una causa, eso no quitaba el malestar ni lo humillada que se sintió respecto al compromiso con la difunta Vitale.

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