Escuchó abrirse el agua caliente, llenando el espacio con el vapor espeso y el sonido constante de la regadera.
Davinna comenzó a buscar lo necesario y apenas había encontrado algunas cosas cuando oyó un sonido proveniente del baño. Un quejido ahogado, bajo y rasposo.
Después otro.
Frunció el ceño, preocupada a su pesar.
—¿Matthias?
El agua seguía cayendo.
Davinna carraspeó para disimular el nerviosismo y se acercó a la puerta.
—Te escuché. ¿Todo está bien ahí adentro?
—No lo está, ven a comprobarlo —resonó la voz áspera de él entre el vapor.
Debió sospechar.
Definitivamente debió sospechar.
Pero vio la imagen de él bajo el chorro de agua y se acercó lo suficiente para intentar comprobar si el agua caliente había provocado que la herida volviera a sangrar.
Al dar un paso dentro de la mampara de cristal, la vista la dejó sin aliento. Matthias estaba con el agua cayendo sobre su pecho amplio y sus hombros. La luz del baño remarcaba cada músculo, pero lo que robó toda su atención fue esa erección salvaje, dura y mojada que se alzaba hacia su abdomen, goteando agua. Era inevitable observarla. Era enorme, imponente, una muestra sin filtro del deseo primitivo que él sentía por ella.
Antes de que pudiera articular palabra, Matthias estiró el brazo y le atrapó la muñeca con una fuerza rápida y precisa.
Davinna apenas tuvo tiempo de abrir los ojos por el impacto.
—Matthias, ni se te ocurra...
Él tiró de ella sin darle margen de maniobra.
Davinna cayó directamente bajo el chorro de agua caliente, completamente vestida.

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