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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 10

Matthias permanecía sentado tras el gran escritorio de madera negra en su despacho, revisando una carpeta con balances financieros. Frente a él, Francesco Martini, consigliere de la familia Angelini pasaba las páginas de un informe con gesto concentrado. La conversación giraba en torno a las cifras de varias empresas fachada que la familia utilizaba para blanquear dinero en Sicilia, asegurándose de que los flujos de capital permanecieran limpios ante cualquier inspección.

​—Todo está en orden con los números de este trimestre, señor —comentó Francesco, cerrando la carpeta sobre la mesa—. Cambiando de tema, hay un asunto importante en la agenda. Debe confirmar su presencia en la recepción de la familia Rinaldi para este fin de semana. Como el capo de Sicilia, esperan contar con su presencia; la reunión es crucial para mantener los acuerdos comerciales con el continente.

​—Confirma mi asistencia —respondió Matthias sin levantar la mirada del documento que firmaba.

​Francesco carraspeó suavemente, acomodándose la corbata antes de continuar con cierta cautela.

​—Hay un detalle, señor. La invitación formal viene estipulada para dos personas, incluye de forma explícita el nombre de la señora Devora Angelini. Como usted sabe, ella maneja muchos de sus asuntos sociales y domésticos... y entre las familias importantes han comenzado a circular rumores. Se dice que es muy probable que la señora Devora vuelva a casarse con un Angelini... concretamente con usted.

​Al escuchar aquello, Matthias detuvo la pluma sobre el papel. En su mente resonaron de inmediato las palabras que Davinna le había dicho antes en la cocina, echándole en cara que su cuñada se tomaba demasiado en serio el papel de señora de la casa. Apretó los labios con fuerza, dejando que una sombra de molestia le cruzara la cara.

​Por su parte, Davinna se levantó muy temprano. Se vistió con cuidado, usando una blusa sencilla y una falda ajustada a la cintura, decidida a ir a su pastelería a como diera lugar. Había pasado parte de la madrugada convenciéndose de que la exigencia de Matthias no era el fin del mundo: al fin y al cabo, un simple beso no significaba nada con tal de recuperar un poco de su libertad.

​Cuando terminaba de acomodarse el cabello, Gemma entró a la habitación trayendo un juego de toallas limpias.

​—Buenos días, señorita. ¿Necesita algo?

​—Gemma, ¿sabes dónde está Matthias? —preguntó Davinna con rapidez, juntando sus pertenencias.

​—A esta hora el señor suele estar en su despacho reunido con Francesco, su consigliere.

​—Hablaré con él de una vez —dijo Davinna encaminándose hacia la salida.

​La sirvienta la miró con preocupación.

​—¿No va a desayunar primero, señorita?

​—No —respondió Davinna negando con la cabeza y apretando el paso—. Al mal paso, darle prisa.

​Bajó las escaleras y se dirigió al pasillo donde se encontraba la oficina principal. Sin embargo, antes de llegar a la puerta de madera, se topó de frente con Devora, quien caminaba en dirección opuesta luciendo un vestido impecable y una postura rígida.

​—Buenos días —saludó Davinna por cortesía, intentando seguir de largo.

​Devora se detuvo de golpe, midiéndola de arriba abajo con la mirada. Al notar hacia dónde se dirigía, frunció el ceño.

​—Buenos días. Si vas al despacho de Matthias, te sugiero que te des la vuelta. Él detesta profundamente que lo interrumpan cuando está trabajando, y sobre todo no le gusta que entre gente ajena a la familia a ese lugar.

​Davinna elevó una ceja, sintiendo cómo se le revolvía el temperamento. Era lo único que le faltaba escuchar esa mañana.

​—Gracias por el aviso, pero lo que tengo que decirle es muy importante —contestó, dando un paso al frente.

​Devora le bloqueó el paso extendiendo un brazo con elegancia.

​—Si necesitas pastillas prenatales, cita con el médico o cualquier otra cosa personal, puedes pedírmelo a mí y yo ordenaré que lo compren de inmediato.

​Davinna la miró fijamente, manteniendo la postura.

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