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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 99

Con su nuevo y gran objetivo firmemente establecido en su mente, Alejandra sabía que no podía actuar sola. Estaba físicamente atrapada, sus movimientos eran vigilados y su acceso al mundo exterior, limitado. Pero su mente era libre, y su alcance se extendía más allá de las paredes de cristal de su jaula.

Se arrodilló junto a su cama y deslizó la mano por debajo del pesado armazón de madera. Sus dedos encontraron un pequeño trozo de cinta adhesiva. Con cuidado, despegó un objeto pequeño y delgado que había pegado allí el primer día que llegó al penthouse.

Era un teléfono de prepago. Pequeño, barato, de plástico. Un "quemador". Lo había comprado en efectivo en una pequeña tienda de electrónica en el centro meses atrás, previendo que llegaría un día en que necesitaría un canal de comunicación seguro, una línea que no pudiera ser rastreada hasta la red de los Estevez.

Se sentó en el suelo, con la espalda apoyada en la cama, y encendió el dispositivo. La pequeña pantalla cobró vida con un brillo azulado, iluminando su rostro concentrado en la oscuridad. El teléfono no tenía aplicaciones, ni internet, ni nada que pudiera comprometerlo. Solo la capacidad de hacer llamadas y enviar mensajes de texto.

Abrió la aplicación de mensajería. Solo había un contacto guardado en la agenda, bajo un nombre en clave: "Taller".

Sus dedos se movieron rápidamente sobre el pequeño teclado, escribiendo un mensaje conciso y directo. No había saludos, no había explicaciones. Iba directamente al grano, confiando en la inteligencia de su única aliada.

"Necesito tu ayuda. Es algo grande".

Hizo una pausa, eligiendo sus siguientes palabras con cuidado. No podía dar demasiados detalles. Pero tenía que dar los suficientes para que la búsqueda fuera efectiva.

"Reúne información sobre dónde comprar pruebas de embarazo falsas, de las que siempre dan positivo. Y prótesis de vientre de silicona, de las que usan en el cine. Busca proveedores en línea, tiendas de disfraces especializadas, cualquier cosa. Con discreción".

Leyó el mensaje dos veces, asegurándose de que fuera claro y de que no contuviera nada que pudiera incriminarla directamente si era interceptado, por improbable que fuera.

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