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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 97

Alejandra se alejó de la puerta, la madera fría ya no se sentía como una barrera, sino como la línea de salida de una nueva carrera. Se movió a través de la penumbra de su suite, sus pies descalzos no hacían ruido sobre la alfombra de lana. No encendió ninguna luz. No la necesitaba. Se sentía más cómoda en las sombras.

Se detuvo frente al enorme ventanal que ocupaba toda la pared, el mismo que en los primeros días la había hecho sentir como un insecto atrapado en un frasco de vidrio. Ahora, sin embargo, el sentimiento era diferente. La ciudad de abajo ya no era un recordatorio de su encarcelamiento. Era un mapa. Un tablero de juego extendido a sus pies, un mar de luces parpadeantes que representaban millones de vidas ajenas a la guerra silenciosa que se libraba en esa torre.

Observó las luces, sus ojos oscuros reflejando el brillo distante. No había lágrimas. No había ni un rastro de la humedad salada de la desesperación. Sus ojos estaban secos, claros y peligrosamente enfocados.

La memoria, sin embargo, es una traidora. Sin que ella la llamara, la escena de su vida pasada la asaltó.

Se vio a sí misma, con veinticinco años, en el pequeño y lúgubre apartamento al que se había mudado después de que Ricardo la echara de la mansión. Recordó el momento exacto en que vio la noticia. No fue en una propuesta silenciosa, sino en la portada de la revista social más importante del país. "La Boda del Año: Ricardo Estevez y la chef Natalia Fuentes anuncian su compromiso y su primer hijo".

El dolor de ese recuerdo era físico. Podía sentir de nuevo la forma en que el aire había sido succionado de sus pulmones, el frío glacial que se había extendido desde su pecho hasta la punta de sus dedos. La revista había caído de sus manos. El mundo se había vuelto borroso, un zumbido sordo en sus oídos.

Esa noticia, en su vida pasada, había sido la última piedra. La gota que había colmado el vaso de su sufrimiento. La muerte de Luna, la indiferencia de Ricardo, la humillación pública... todo había sido un peso insoportable, pero la noticia de ese heredero, del niño que reemplazaría a su hija, de la familia feliz construida sobre las ruinas de la suya, eso fue lo que finalmente la rompió.

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