Después de mirar la foto del ultrasonido durante lo que pareció una eternidad, Ricardo borró el mensaje. No por desafío, sino para eliminar la evidencia de su propia rendición. Dejó el teléfono sobre la barra y se terminó el whisky de un solo trago. El fuego en su garganta no hizo nada para calmar el hielo en su estómago.
Su conflicto interno no se había resuelto; simplemente había sido aniquilado. Lo que quedaba era una resignación fría y un camino claro, aunque detestable.
Tomó su teléfono de nuevo. No le respondió el mensaje a Natalia. En su lugar, la llamó.
Ella contestó al primer tono, su voz era un susurro somnoliento y falsamente vulnerable. —¿Ricardo? ¿Pasa algo?
—Ven al penthouse —dijo él, su tono era plano, desprovisto de emoción—. Necesito hablar contigo.
—Claro, mi amor. Salgo para allá —respondió ella, incapaz de ocultar el matiz de triunfo en su voz.
Una hora más tarde, Natalia llegó. Llevaba un vestido de seda que sugería que se había preparado para una celebración, no para una conversación seria. Su rostro estaba radiante de expectación.
Ricardo la esperaba en la sala. No había hecho ningún preparativo. No había velas. No había música romántica. La única iluminación provenía de las luces de la ciudad que entraban a raudales por los ventanales y el brillo tenue de una lámpara de pie. La atmósfera no era de romance, era de una transacción de negocios a punto de cerrarse.
Ella entró, su sonrisa vaciló un poco al ver su expresión severa y el ambiente frío.
—Ricardo, me asustaste. ¿Está todo bien? —preguntó, acercándose a él.
Él no se movió para recibirla. Se quedó de pie junto al ventanal, con las manos en los bolsillos de su pantalón.
—Natalia —comenzó, su voz era tan formal como si se dirigiera a un miembro de su junta directiva—. Hemos llegado a una encrucijada.
Ella lo miró, confundida, su sonrisa expectante se desvaneció, reemplazada por una máscara de preocupación.
Él no la hizo esperar. No hubo preámbulos, no hubo palabras de afecto. Fue directo al grano, con la eficiencia brutal de un CEO cerrando un trato.
No se arrodilló.

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Hasta ahora esta muy interesante...