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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 90

Natalia salió del ascensor privado con el rostro lívido. La visita al penthouse, que debía haber sido una demostración de poder, se había convertido en una humillación silenciosa. La indiferencia de Alejandra la había desarmado, la había hecho sentir como una intrusa en un territorio que creía suyo por derecho.

Esa noche, no esperó a que Ricardo la llamara. Fue directamente a su oficina en el rascacielos de Santa Fe, sabiendo que él estaría trabajando hasta tarde. Usó la tarjeta de acceso que él le había dado, un símbolo de su estatus que ahora se sentía precario.

Lo encontró en su escritorio, rodeado por el resplandor azul de múltiples monitores. Estaba concentrado, la mandíbula apretada, la encarnación del poder corporativo.

—Ricardo —dijo ella, su voz tratando de sonar suave, pero con un temblor de urgencia que no pudo ocultar.

Él levantó la vista, sorprendido de verla allí. Su expresión no se suavizó. —¿Natalia? ¿Qué pasa?

Ella se acercó al escritorio, apoyando las manos en la madera fría de ébano. Decidió atacar directamente.

—Estuve en el penthouse. Vi a Alejandra. —Hizo una pausa, esperando que él dijera algo, pero él simplemente la miró, esperando—. Ricardo, mi amor, tenemos que hablar de esto. No es apropiado.

—¿Qué no es apropiado? —preguntó él, su tono era peligrosamente neutral.

—¡Que ella viva contigo! ¡Sola! Aquí, en tu casa. ¿Qué dirá la gente? ¿Qué dirá tu abuelo cuando se entere? Somos una pareja, estamos a punto de anunciar nuestro compromiso. Esto… esto es una mancha en nuestra reputación.

Intentó apelar a su lógica, a su obsesión por la imagen pública.

—La gente dirá lo que yo quiera que diga —respondió él fríamente—. Y mi abuelo entiende la necesidad de la seguridad.

Natalia sintió una punzada de pánico. Su argumento lógico había fallado. Intentó con la emoción.

—Pero, Ricardo… me incomoda. Ella te odia. ¿No lo ves? Es una amenaza para nosotros. Para nuestro futuro. La tienes viviendo en el corazón de tu vida, de nuestra vida. Es como tener una serpiente en casa. No puedes saber cuándo va a morder.

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