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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 84

Alejandra salió del callejón y caminó el resto del trayecto hasta la parada del autobús en un estado de trance. La realidad del ataque luchaba con la surrealidad de su rescate. El brazo le ardía bajo el vendaje improvisado y la adrenalina finalmente la abandonó, dejándola con un agotamiento profundo y tembloroso.

Cuando llegó a la parada, el sedán negro de los Estevez estaba allí, esperándola. Armando, el chófer, se había adelantado a su ruta habitual por si acaso ella cambiaba de opinión. Al verla acercarse, su rostro, normalmente una máscara de profesionalismo, mostró un atisbo de preocupación.

Alejandra no protestó. Por primera vez en meses, no tenía la fuerza para su pequeño acto diario de independencia. Abrió la puerta trasera y se deslizó en el asiento de cuero, agradecida por el silencio y el aire acondicionado.

Armando la observó por el espejo retrovisor. Vio su palidez, el desorden de su cabello, la manga de su blusa rasgada y, sobre todo, el vendaje blanco y limpio en su antebrazo. No hizo preguntas. No era su lugar. Pero era su deber.

El viaje a la mansión fue silencioso. Apenas Alejandra puso un pie dentro del vestíbulo de mármol, Armando sacó su teléfono de servicio. Conectó sus auriculares y marcó el número de la cabeza de la casa, la señora Elena.

—Señora Elena, soy Armando. Acabo de dejar a la señorita Robles en la residencia. Solo para informarle que parecía estar… indispuesta. Tenía la ropa rasgada y una herida en el brazo.

En el otro extremo de la línea, en la oficina de administración de la mansión, la señora Elena frunció el ceño. —¿Herida? ¿Qué tipo de herida?

—No lo sé con certeza, señora. Pero parecía un altercado.

Esa fue la palabra clave. "Altercado". En el protocolo de seguridad de la familia Estevez, esa palabra activaba una cadena de comunicación inmediata e ineludible.

La señora Elena agradeció a Armando y colgó. Inmediatamente, marcó la extensión directa del jefe de seguridad de la mansión, un exmilitar llamado Cárdenas.

—Cárdenas, habla Elena. Armando acaba de traer a la señorita Robles. Reporta que podría haber estado involucrada en un altercado. Revisa las cámaras del perímetro y envíame un informe.

La noticia subió por la cadena de mando como un reguero de pólvora, de un teléfono encriptado a otro, cada vez más urgente, cada vez más alarmante.

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