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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 76

Los días que siguieron al Festival Sabor a Polanco fueron una tormenta de fuego mediático. La historia era demasiado jugosa para dejarla ir: la chef celebridad, el plagio descarado, la humillación pública. El hashtag #LadyMole se convirtió en un monstruo viral, engendrando memes, artículos de opinión y videos de análisis que diseccionaban cada segundo de la caída de Natalia Fuentes.

Dentro de los muros de la mansión Estevez, reinaba un silencio sepulcral. Natalia se había encerrado en su suite, una prisionera en una jaula de seda. Se negaba a comer, a hablar, a ver a nadie. Las bandejas de comida eran dejadas en su puerta y recogidas horas después, intactas. A veces, los sirvientes que pasaban por el pasillo podían escuchar el sonido de sollozos ahogados, o el de un objeto siendo arrojado contra una pared. La reina había sido destronada, y su reino se había reducido a una habitación con las cortinas corridas.

En otra ala de la mansión, Sofía Estevez cumplía su propia sentencia. La suspensión escolar la había confinado a su cuarto, un santuario de lujo que ahora se sentía como una celda. Había pasado las primeras semanas sumida en una autocompasión amarga, pero el escándalo de Natalia había cambiado algo dentro de ella.

Sentada en el borde de su cama, con la pantalla de su laptop iluminando su rostro pálido, observaba el colapso de su ídolo. Veía los titulares, leía los comentarios venenosos, observaba los fragmentos del video del festival una y otra vez.

Pero no sentía lástima.

No sentía compasión por la mujer que había admirado, a la que había aspirado a parecerse. Sentía algo mucho más oscuro y corrosivo. Sentía rabia. Una rabia que le resultaba familiar, porque era la misma que sentía cuando pensaba en su propio futuro arruinado.

"¡Todo es culpa de ella!" pensó, sus dedos apretando el borde de la laptop con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. La imagen en la pantalla no era la de Natalia, sino la de Alejandra, captada por la cámara de un paparazzi mientras salía de la preparatoria, su rostro tranquilo, sereno, intocable.

"¡De esa gata arrimada!"

Para Sofía, la lógica era simple, retorcida y absoluta. Antes de que Alejandra se rebelara, todo estaba en orden. Natalia era una estrella. Ella, Sofía, era la reina de la escuela con un futuro brillante asegurado en una universidad europea.

Entonces, Alejandra había decidido dejar de ser un mueble. Y el mundo se había puesto de cabeza.

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