Entrar Via

El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 351

La noche había caído sobre la colonia Doctores, envolviendo el taller de "Raíz" en una manta de sombras y silencio.

El olor a pintura fresca y a madera nueva todavía flotaba en el aire, una promesa de futuro.

Alejandra estaba sola.

Se había quedado hasta tarde, revisando los últimos detalles de los prototipos de sus nuevos empaques.

El trabajo era su refugio. La única cosa que la mantenía anclada en medio del huracán que era su vida.

El intercomunicador del edificio sonó, un zumbido estridente que rompió la quietud.

Alejandra se sobresaltó. Nadie sabía que estaba allí a esas horas, excepto Valeria.

Presionó el botón.

—¿Sí?

La voz del guardia de seguridad nocturno, un hombre mayor llamado Ramiro, sonó a través del altavoz, teñida de confusión.

—Señorita Robles… hay un hombre aquí abajo. Insiste en verla. Dice que se llama Adrián Morales.

El nombre la golpeó como una descarga de hielo.

Adrián. Aquí.

Su mente se aceleró, evaluando las posibilidades. Una trampa. Una confrontación. Otra amenaza.

—Dígale que no estoy —respondió, su voz firme.

Hubo una pausa.

—Ya le dije, señorita. Pero dice que no se irá hasta que la vea. Dice que tiene algo para usted.

Alejandra cerró los ojos. Sabía que no podía evitarlo.

—De acuerdo. Que espere en el lobby. Bajo en cinco minutos. No lo deje subir por ningún motivo.

—Entendido, señorita.

Colgó el intercomunicador. Su corazón latía con un ritmo pesado y cauteloso.

No era miedo lo que sentía. Era una profunda y helada desconfianza.

Tomó el ascensor de servicio hasta el lobby.

El espacio era pequeño, iluminado por una luz fluorescente que hacía que todo pareciera pálido y triste.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra