El viernes por la noche, un silencio expectante se apoderó de las cocinas y las salas de estar de la élite culinaria de México.
El documental "Sabor Robado" se estrenó en Netflix.
No comenzó con acusaciones. No comenzó con Natalia.
Comenzó con belleza.
Imágenes panorámicas, filmadas con una calidad cinematográfica, de los campos de agave azul bajo un cielo oaxaqueño de un violeta profundo.
El sonido del viento en los maizales.
La voz que narraba no era la de un locutor profesional.
Era la de Elena Grijalva.
Su voz era tranquila, firme, teñida con el ligero acento de los valles. No había ira en ella. Había amor.
"Mi abuela, Elodia, decía que la tierra no tiene dueños, solo guardianes", comenzaba, mientras la cámara mostraba una vieja fotografía en blanco y negro de una mujer joven de mirada intensa y sonrisa desafiante. Doña Elodia.
El documental era una carta de amor a una cultura.
Mostraba a Elena, no como una víctima, sino como la heredera de un linaje.
La cámara la seguía por el mercado de Tlacolula, sus manos expertas seleccionando chiles, su risa compartida con otros vendedores.
"Para nosotros, la comida no es un negocio. Es la forma en que decimos 'te quiero', 'estoy aquí', 'recuerdo de dónde vengo'", explicaba.
Mostró el recetario. No como una pieza de evidencia en un juicio, sino como un álbum familiar.
La cámara se detuvo en las páginas manchadas, en la caligrafía elegante, en las notas al margen.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...