La maquinaria de crisis de los Estevez había logrado sofocar el incendio de #YoNoTeCreoNatalia.
El comunicado de los abogados fue un muro de hielo. El público, con su corta capacidad de atención, comenzó a pasar a la siguiente controversia.
La calma regresó. Una calma superficial, tensa.
Natalia, aunque despojada de su credibilidad, seguía siendo la prometida de un Estevez. El poder del apellido era un escudo formidable.
Parecía que, una vez más, la tormenta pasaría. Que la verdad sería enterrada bajo el peso del dinero y la influencia.
Pero no contaban con la conciencia de una chef.
Una semana después del escándalo de la entrevista, Graciela Arellano hizo un movimiento.
No fue un ataque frontal. Fue una declaración de intenciones, elegante y letal.
A las nueve de la mañana de un martes, en su cuenta de Instagram, que era seguida religiosamente por cada chef, crítico y foodie del país, publicó una imagen.
Era un póster. De un negro profundo, minimalista y de una calidad cinematográfica.
En el centro, en letras blancas y austeras, el título.
"SABOR ROBADO: La Verdadera Historia de Doña Elodia".
Debajo, en una línea más pequeña: "Un documental de investigación especial".
Y finalmente, la fecha de estreno: "Viernes. 9 p.m. En Netflix".
El anuncio fue una bomba de neutrones.
No hizo un ruido ensordecedor al principio, pero su radiación comenzó a extenderse en silencio, matando toda la narrativa que el equipo de Ricardo había construido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...