La pantalla negra duró tres segundos.
Cuando la luz regresó, el tono del documental había cambiado por completo.
La calidez de la cocina oaxaqueña fue reemplazada por la fría luz de un estudio de análisis.
La música emotiva se desvaneció, dejando un silencio clínico.
Apareció Graciela Arellano. Ya no era la narradora invisible. Estaba sentada en una silla, vestida de negro, su rostro serio, el de una fiscal a punto de presentar su caso final.
"La emoción es poderosa", comenzó, su voz era un témpano de hielo. "Pero en una investigación, no es suficiente. Se necesitan hechos".
Y entonces, presentó los hechos.
En una pantalla dividida, la evidencia apareció, brutal e innegable.
A la izquierda, una página escaneada del recetario escrito a mano de Doña Elodia. La caligrafía, elegante y antigua.
A la derecha, una página del libro de cocina más vendido de Natalia Fuentes, "Mi Viaje por el Sabor". La tipografía, moderna y nítida.
La receta del "Mole Negro Emperatriz".
Las listas de ingredientes eran idénticas.
Las instrucciones, con ligeros cambios cosméticos para añadir un lenguaje más pretencioso, eran las mismas. Párrafo por párrafo.
"Podría ser una coincidencia", dijo la voz de Graciela, cargada de ironía. "Un caso de inspiración paralela".
Apareció un hombre en pantalla. Un experto en caligrafía forense de la UNAM.
Con gráficos y análisis microscópicos, demostró, sin lugar a dudas, que la tinta y el papel del recetario de Elodia tenían al menos treinta años de antigüedad.
"La escritura es consistente con la época", concluyó el experto. "Es auténtica".

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...