Con Natalia Fuentes reducida a cenizas mediáticas, una extraña calma descendió sobre el mundo de Alejandra.
Era una calma antinatural, como el silencio que sigue a una gran explosión.
El ruido constante de la guerra, el ataque y el contraataque, había cesado.
Por primera vez en meses, Alejandra pudo respirar.
Se sumergió por completo en su verdadero proyecto.
"Raíz".
El taller se convirtió en su universo. Los días se llenaron del aroma de hierbas hirviendo, del sonido de las etiquetas siendo pegadas en los frascos, de las risas compartidas con Valeria mientras planeaban su futuro.
Estaban construyendo. Creando.
La venganza, que había sido el motor de su existencia, pareció pasar a un segundo plano, reemplazada por la simple y honesta satisfacción del trabajo duro.
Contrataron a su primer empleado, un joven del barrio de Valeria, para que les ayudara con los envíos.
Diseñaron su página web, simple y limpia, cada foto contando una historia.
La paz era frágil, pero real.
Una tarde, mientras probaba una nueva infusión de poleo, su teléfono personal sonó.
Era un número que no reconocía, pero que su instinto le dijo que contestara.
—¿Bueno?
—Señorita Robles. Habla Graciela Arellano.
La voz de la chef matriarca era tan seria y directa como siempre. Alejandra se enderezó.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...