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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 325

La caída fue tan rápida que no hubo tiempo para procesarla.

Dos guardias de seguridad de la empresa, hombres corpulentos con rostros impasibles, entraron en la sala de juntas.

No dijeron nada. Simplemente se pararon a cada lado de Sofía y Mateo.

La orden implícita era clara.

—Sus identificaciones, por favor —dijo uno de ellos, su voz desprovista de emoción.

Con manos temblorosas, entregaron sus tarjetas de acceso corporativo.

—Sus teléfonos.

Fueron despojados de sus conexiones con el mundo.

—Y las llaves de sus coches.

Sofía sollozó cuando entregó el llavero con el emblema de su Porsche. Mateo sintió que le arrancaban un miembro al separarse de las llaves de su Mercedes.

Fueron escoltados fuera de la oficina, por el pasillo de la humillación, bajo la mirada curiosa de los empleados de alto nivel que pretendían no ver nada.

En el estacionamiento subterráneo, no los esperaba un coche de lujo.

Los esperaba un sedán básico de la empresa. Un Tsuru blanco, el tipo de coche que usaban los mensajeros.

Sin sus bolsos de diseñador, sin sus relojes de oro, vestidos con la ropa cara que ahora parecía un disfraz ridículo, fueron subidos al asiento trasero.

Parecían dos prisioneros siendo trasladados a una cárcel de máxima seguridad.

El coche arrancó, el motor modesto contrastando con el rugido al que estaban acostumbrados.

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