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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 323

La sala de juntas estaba sumida en una penumbra silenciosa.

Las persianas automáticas estaban bajadas, bloqueando la luz del sol y la vista de la ciudad.

La única iluminación provenía de unas lámparas de diseño que arrojaban halos de luz sobre la inmensa mesa de caoba.

La habitación se sentía fría. Vacía.

Excepto por él.

Ricardo estaba de pie, de espaldas a ellos, mirando a través de las rendijas de las persianas hacia un mundo que ellos ya no podían ver.

Su silueta era una figura de poder oscuro, un juez esperando en su tribunal.

—Ricardo, se puede saber qué… —comenzó Mateo, intentando inyectar un tono de indignación en su voz.

Ricardo no se giró. No respondió.

Simplemente levantó una mano, un gesto que los silenció al instante.

Sobre la superficie pulida de la mesa, en el centro exacto, había un pequeño altavoz negro.

Sin una palabra, Ricardo presionó un botón en su teléfono, que sostenía en la otra mano.

Un sonido de estática llenó la habitación por un segundo.

Y luego, una voz.

Era la voz de un hombre mayor, temblorosa, cargada de un miedo que era casi palpable.

"...no sé quiénes eran, señorita. Eran de la ciudad. Dijeron que usted trae mala suerte. Que es arriesgado hacer negocios con usted…".

Sofía se quedó helada.

Reconoció la historia. Era el eco de su propio plan, contado desde el otro lado.

Mateo dio un paso atrás, como si lo hubieran golpeado.

La voz del agricultor Isauro continuó, un torrente de pánico y lealtad.

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