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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 322

La llamada encontró a Sofía y a Mateo en el salón de té de la mansión Rojas Ibáñez.

Estaban celebrando su pequeña victoria.

—Te lo dije, es un genio —decía Sofía, mostrando a Mateo un meme que se burlaba de Alejandra—. La gente ya se está olvidando de ella. Ahora todos la ven como una trepadora.

Mateo sonrió, una mueca de suficiencia. —Solo necesitaba un pequeño empujón en la dirección correcta. Para el próximo mes, "Raíz de Origen" no será más que un mal recuerdo.

El teléfono de la casa sonó, una interrupción discordante en su celebración.

Una de las doncellas contestó y se acercó a ellos, su rostro pálido.

—Señorita Sofía, joven Mateo. Es la secretaria del señor Estevez. Quiere hablar con ustedes.

Intercambiaron una mirada. La sonrisa de Mateo vaciló.

Sofía tomó el teléfono inalámbrico con un gesto de fastidio.

—Diga —dijo, su tono era el de una reina dirigiéndose a un sirviente.

La voz de la secretaria al otro lado de la línea era gélida, un chorro de nitrógeno líquido.

—Señorita Rojas, el señor Estevez requiere su presencia y la de su hermano en su oficina en treinta minutos.

Sofía puso los ojos en blanco. —¿Ahora? Estamos ocupados. Dile que nos llame más tarde.

—El señor Estevez fue muy claro. No es una invitación.

La frase, desprovista de cualquier cortesía, colgó en el aire.

Sofía sintió un primer y diminuto escalofrío.

—Bien —espetó, y colgó sin despedirse.

—¿Qué quería? —preguntó Mateo.

—Ricardo. Quiere vernos. Probablemente para darnos otro de sus sermones sobre la imagen de la familia por la entrevista de Alejandra —dijo, tratando de sonar aburrida.

Pero una semilla de inquietud había sido plantada.

Llegaron a la Torre Estevez veinticinco minutos después.

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