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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 293

La duda ya no era una sospecha. Era una certeza helada que se había instalado en el centro de su ser.

Pero una certeza sin pruebas no era nada.

Era su palabra contra la de ella, y ella, la madre de su futuro hijo, tenía la ventaja moral.

Necesitaba pruebas. Algo tangible. Algo que no pudiera ser negado ni explicado con una lágrima o una excusa.

La oportunidad llegó tres noches después.

Natalia se había quejado de un terrible dolor de cabeza y náuseas.

—Es el bebé, debe estar creciendo mucho —dijo con un suspiro dramático.

Ricardo la observó tomar una pastilla de un frasco sin etiqueta que guardaba en su mesita de noche.

Veinte minutos después, estaba profundamente dormida.

Él esperó.

Escuchó el ritmo de su respiración, lento y pesado. Sabía, por la forma en que su cuerpo estaba completamente inmóvil, que no era un sueño natural.

Era el sueño inducido por un somnífero. Otra pequeña mentira.

La duda se convirtió en una necesidad física, un picor bajo la piel que no podía ignorar.

Se sintió como un traidor. Un violador de la intimidad.

Pero la necesidad de saber, de confirmar la horrible verdad que su instinto le gritaba, era más fuerte que su culpa.

Se levantó de la cama con la cautela de un ladrón.

Sus pies descalzos no hicieron ruido sobre la alfombra de seda.

Cruzó la suite a oscuras y entró en el vestidor de Natalia.

El espacio era un templo a la vanidad. Hileras de vestidos de diseñador, estantes de bolsos que valían más que coches, cajones llenos de joyas.

La luz de la luna que se filtraba por un pequeño tragaluz era la única iluminación.

Su corazón latía con una fuerza desbocada, un tambor sordo en el silencio de la noche.

¿Qué estaba buscando?

No lo sabía.

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