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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 285

Adrián cerró el archivo encriptado.

La nota del forense ardía en su mente, una imagen grabada a fuego.

"Muestra clasificada como 'perdida' por orden administrativa directa".

No era el arma que había buscado. Era el mapa de un tesoro enterrado. Un tesoro de secretos y mentiras.

Su frustración inicial se había transformado en una euforia fría, la emoción de un cazador que ha encontrado un rastro mucho más grande y peligroso de lo que esperaba.

Se enfocó en el único hilo del que podía tirar.

La firma en la servilleta.

"Dr. Elías Benítez".

Con la precisión de un cirujano aislando un nervio, se centró en ese nombre.

Tomó su teléfono y marcó el número de Velasco, el administrador del hospital.

El hombre contestó al primer tono, su voz era un susurro asustado.

—¿Sí?

—Velasco, habla Morales —dijo Adrián, su tono era casual, casi aburrido—. Una pregunta rápida. Necesito localizar a un antiguo colega. Un forense. Dr. Elías Benítez.

Hubo un silencio al otro lado de la línea. Un silencio que fue demasiado largo. Un silencio culpable.

—¿Velasco? ¿Sigues ahí?

—Sí, sí, aquí estoy —tartamudeó el administrador—. Benítez… Elías Benítez… ese nombre no me suena.

La mentira era tan torpe que era casi un insulto.

—¿Estás seguro? —presionó Adrián, su voz perdiendo su calidez—. Trabajó en el caso de Roberto Robles hace un par de años. Firma una nota anexa en el expediente.

—Ah… sí, Robles. Un accidente terrible. Mire, señor Morales, debió ser alguien de hace mucho tiempo. El sistema de personal se actualizó el año pasado, perdimos muchos de los registros antiguos. Probablemente se jubiló o se mudó. No podría decirle.

Adrián sonrió, una sonrisa sin rastro de humor.

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