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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 281

La clínica de Adrián Morales era un templo del silencio y la perfección.

Paredes de un blanco inmaculado. Obras de arte minimalista. El suave murmullo del aire acondicionado.

Era un mundo donde cada línea estaba en su lugar, cada imperfección era borrada.

Pero en la mente de su dueño, reinaba el caos.

Adrián estaba de pie frente al ventanal de su despacho, observando los techos de Las Lomas.

La confrontación con Ricardo en el bar del hotel lo había dejado con un sabor amargo en la boca.

Había sido una humillación. Una demostración pública de que, a pesar de todo, Ricardo todavía la consideraba de su propiedad.

Y Natalia…

El recuerdo de su silencio, de sus llamadas sin respuesta, era una herida que su ego no podía soportar.

Había sido su caballero blanco, su protector. Y ella lo había descartado en cuanto el peligro inmediato pasó.

Se sentía utilizado. Descartado.

La obsesión que había sentido, ese amor platónico y protector, comenzó a pudrirse.

Se agrió, transformándose en algo mucho más oscuro y frío.

Un deseo de control.

"Si no puedo tenerte por amor", pensó, su reflejo en el cristal mirándolo con ojos fríos.

"Te tendré por miedo".

La idea fue un relámpago en la oscuridad de su furia.

Se dio cuenta de que había estado jugando el juego equivocado.

Había intentado atacar a Alejandra para proteger a Natalia.

Un error.

El verdadero poder no residía en proteger a sus aliados, sino en controlar los secretos de sus enemigos.

De todos sus enemigos.

"Y todos en tu mundo tienen secretos", susurró a su reflejo.

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