El café "El Jarocho" en la colonia Doctores no servía capuchinos con leche de almendras ni tenía Wi-Fi de alta velocidad.
Olía a café de verdad, a pan tostado con mantequilla y a generaciones de conversaciones.
Era el territorio de Valeria. Y era el lugar perfecto para planear una revolución.
Alejandra llegó con su cuaderno de espiral bajo el brazo, una biblia de ideas que había cobrado vida en las últimas cuarenta y ocho horas.
Valeria ya la esperaba en una mesa de formica, con dos cafés lecheros humeantes.
—Te ves… diferente, fresita —dijo Valeria, estudiándola con sus ojos agudos—. Menos fantasma, más generala.
Alejandra sonrió. Se sentía así.
Abrió el cuaderno sobre la mesa, junto a las conchas de azúcar.
—Este es el plan de guerra.
Valeria se inclinó, su escepticismo inicial se transformó en una intensa curiosidad.
Lo que vio no era un sueño vago. Era una estrategia.
—No vamos a empezar a lo grande —explicó Alejandra, su dedo trazando las líneas en el cuaderno—. Empezamos con dos productos. Solo dos. Perfectos. "Renacer de Agave", la crema facial. Y "Calma de Cempasúchil", el aceite relajante.
—Poca inversión, fácil de controlar la calidad. Me gusta —asintió Valeria.
—No vamos a buscar tiendas. No vamos a rogarle a distribuidores —continuó Alejandra—. Nuestro primer y único canal de venta será Instagram.
Abrió una nueva página, que mostraba un calendario de contenidos.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...