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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 248

El siseo de los chiles en la sartén era el único sonido en la cocina, una meditación furiosa que ahogaba el ruido del mundo exterior.

Alejandra estaba completamente absorta, su mente y su cuerpo unidos en el ritual de la cocina.

Fue entonces cuando el sonido agudo y discordante de un teléfono la sacó de su trance.

No era el quemador. Era su teléfono personal. El que Ricardo le había dado.

Lo había dejado sobre una encimera de acero, lejos del calor.

La pantalla brillaba con un número desconocido.

Su primer instinto fue ignorarlo.

Probablemente era un reportero que había conseguido su número. O peor, un mensaje de odio que había escalado a una llamada.

Pero la llamada persistió. Un timbre insistente que se negaba a ser ignorado.

Con un suspiro de fastidio, se secó las manos en el delantal y contestó, su voz cautelosa, preparada para la hostilidad.

—¿Bueno?

Hubo una breve pausa al otro lado de la línea.

Luego, una voz de mujer, grave, seria y absolutamente inconfundible.

—¿Señorita Robles?

Alejandra se quedó helada.

Reconocería esa voz en cualquier parte.

Era la voz de la autoridad. La voz de la integridad.

—Soy Graciela Arellano.

Alejandra se apoyó en la encimera, su corazón dando un vuelco.

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