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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 243

La sala de juntas de la agencia de Armando Mendoza era un quirófano de reputaciones.

Paredes de cristal, una mesa de mármol negro y un silencio tan absoluto que se podía oír el zumbido de los servidores.

Aquí no se creaban productos. Se fabricaban percepciones.

Mendoza estaba de pie frente a una pizarra digital, su figura reflejada en la superficie brillante. A su lado, dos de sus mejores redactores, jóvenes con miradas cínicas y laptops abiertas.

Eran los arquitectos de la mentira.

Natalia y Ricardo estaban sentados frente a ellos.

Natalia, de nuevo en su papel de víctima frágil, escuchaba con una atención absorta.

Ricardo observaba el proceso con la distancia de un inversor. La duda sobre el incidente de la alberca todavía lo carcomía, un malestar sordo en el fondo de su mente.

Pero la eficiencia clínica de Mendoza era un bálsamo para sus nervios.

Esto era un lenguaje que entendía. Un problema. Una crisis. Y un equipo de profesionales carísimos resolviéndolo.

—La palabra "plagio" es fea. Agresiva. La evitaremos —decía Mendoza, su voz era un instrumento de precisión—. Usaremos "inspiración". "Homenaje". Palabras nobles.

Caminaba de un lado a otro, dictando, esculpiendo la narrativa.

—"Hoy, con el corazón abierto, quiero hablar de mi más profunda inspiración…" —empezó.

Uno de los redactores tecleaba a una velocidad febril.

—"Una mentora olvidada por la historia, cuyo genio merecía ser compartido con el mundo".

Mendoza se giró hacia Natalia.

—Necesitamos detalles, Natalia. Detalles emotivos. Algo que conecte al público contigo, con ella. Algo que parezca real.

Natalia se secó una lágrima que no estaba allí. Su voz salió temblorosa, pero sus ojos estaban fríos, calculadores.

—Recuerdo… —comenzó, su mirada perdida en un punto de la pared, como si estuviera accediendo a un recuerdo sagrado—. Recuerdo que Doña Elodia siempre decía que el secreto del mole no estaba en los chiles, sino en la paciencia. "La prisa es el veneno del sabor, mija", me decía.

La frase era una invención brillante. Simple. Sabia. Perfectamente creíble.

Mendoza sonrió, una sonrisa de apreciación profesional.

—Excelente. Anoten eso. Es oro puro.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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