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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 236

El silencio en la biblioteca era un campo de batalla.

Ricardo se quedó de pie junto a la puerta, observándola.

Ella, arrodillada en el suelo, lo miraba de vuelta.

Era una confrontación de voluntades, un duelo librado sin una sola palabra.

Él esperaba que ella hablara primero.

Esperaba una disculpa. Una explicación. Una súplica de clemencia.

Cualquier cosa que rompiera esa insoportable calma suya.

Cualquier cosa que encajara en la narrativa que él necesitaba creer.

Pero Alejandra permaneció en silencio.

Su silencio era un arma.

Un espejo que le devolvía su propia incertidumbre.

Él era el que tenía todo el poder en esa habitación.

Él era el que la había encerrado.

Y sin embargo, se sentía extrañamente como el que estaba siendo juzgado.

La duda, alimentada por su estoicismo, comenzó a crecer.

A extender sus raíces en su mente.

Empezó a conectar puntos que antes había ignorado.

La lógica de Sánchez. La calma de Alejandra.

Y de repente, un recuerdo.

Un recuerdo vago, enterrado bajo años de indiferencia.

Un viaje familiar a Cancún. ¿Hacía cinco años? ¿Seis?

Toda la familia estaba en la playa. Sofía y Mateo chapoteando en las olas. Natalia tomando el sol.

Y Alejandra.

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