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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 235

Pasaron dos horas.

Dos horas en las que Ricardo intentó ahogar la duda en champán caro y conversaciones vacías.

Se movió por el salón de fiestas, sonriendo, asintiendo, interpretando su papel de anfitrión y magnate.

Pero su mente estaba en otra parte.

Estaba en un cuarto de seguridad sin ventanas, escuchando la voz tranquila de un viejo guardia.

La frase de Sánchez era un fantasma que se negaba a desaparecer.

La persona que no sabe nadar…

Miró a través del salón. Vio a Natalia, sentada en la mesa principal, rodeada de admiradores, recibiendo sus condolencias con una fragilidad perfectamente ensayada.

Se veía como la víctima perfecta.

Pero la imagen ya no era tan sólida como antes.

Tenía grietas.

La duda era una comezón en su cerebro, una irritación que no podía rascar.

Necesitaba una confirmación.

Necesitaba verla.

Necesitaba verla rota.

Necesitaba ver las lágrimas, la súplica, el arrepentimiento en sus ojos.

Necesitaba que ella se comportara como una culpable, para poder acallar la voz de la lógica en su cabeza.

Con una excusa abrupta, se levantó de su mesa y se dirigió de nuevo hacia la biblioteca.

El pasillo silencioso se sentía como un túnel que lo llevaba de vuelta a la escena del crimen.

La frase de Sánchez resonaba con cada uno de sus pasos.

Llegó a la puerta de caoba.

Con una respiración profunda, sacó la llave de su bolsillo y abrió la cerradura.

La puerta se abrió con un suave gemido.

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