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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 234

La frase de Sánchez, tan simple y tan lógica, quedó suspendida en el aire viciado del cuarto de seguridad.

No fue una acusación.

Fue una verdad.

Una verdad tan elemental, tan basada en el instinto más primario del ser humano, que era imposible de refutar.

Ricardo se quedó inmóvil, con la mano todavía en el pomo de la puerta.

El eco de las palabras —La persona que no sabe nadar rara vez es la que inicia una pelea en el borde de una alberca— resonaba en su mente, chocando contra el muro de su furia y su certeza.

Miró a Sánchez.

El jefe de seguridad le sostuvo la mirada, su rostro impasible, sus ojos claros y tranquilos no mostraban ni desafío ni miedo. Solo la calma de un hombre que ha dicho lo que tenía que decir.

Por un momento, Ricardo estuvo a punto de estallar.

Estuvo a punto de reírse en su cara, de recordarle quién era él, de despedirlo por su insolencia.

Estuvo a punto de escupirle que Alejandra no era una persona normal, que era una manipuladora, una víbora capaz de cualquier cosa.

Pero las palabras se atascaron en su garganta.

Porque la lógica era innegable.

Era como una pequeña y afilada piedra en su zapato.

Podía ignorarla, podía seguir caminando.

Pero no podía hacer que desapareciera.

La imagen de Alejandra, su pánico en el agua, sus movimientos torpes y desesperados, se superpuso en su mente con la fría lógica de Sánchez.

No cuadraba.

La narrativa que Natalia le había vendido, la que Adrián había reforzado, la que él mismo había aceptado ciegamente, de repente tenía una grieta.

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