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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 220

Alejandra yacía sobre el frío suelo de baldosas, un despojo empapado en el borde de la celebración de otros.

El mundo regresó a ella no como un amanecer suave, sino como una explosión violenta.

Un espasmo incontrolable sacudió su cuerpo.

El agua, fría y amarga, brotó de sus pulmones en un torrente, quemándole la garganta.

Tosió.

Fue una tos desgarradora, un sonido animal que arañó su interior y la devolvió a la vida.

El aire entró en sus pulmones en una bocanada desesperada, tan dolorosa como el primer aliento de un recién nacido.

Temblaba.

Un temblor incontrolable se apoderó de cada uno de sus músculos, una reacción tardía al shock, al frío y al terror que su cuerpo había soportado.

Sus dientes castañeteaban.

El sonido era un repiqueteo rápido y frágil en el silencio de su rincón olvidado.

El joven salvavidas, Javier, seguía arrodillado a su lado, su rostro pálido de preocupación.

—Tranquila, tranquila, ya estás a salvo —le susurraba, su voz era un ancla en el mar de su confusión.

Pero la voz de él era un eco lejano.

Alejandra giró la cabeza lentamente. El movimiento fue un esfuerzo monumental. Su cuello se sentía rígido, sus músculos doloridos.

Su visión era borrosa, manchada de puntos negros que bailaban frente a sus ojos.

El mundo era un caleidoscopio de luces azules del agua, destellos de los flashes de las cámaras y las siluetas borrosas de la gente.

Poco a poco, las formas comenzaron a enfocarse.

Vio la multitud. Un muro de curiosos que ahora se dividía. Algunos comenzaban a notar el segundo drama, el rescate silencioso que se habían perdido.

Sus miradas no eran de simpatía. Eran de una curiosidad morbosa, como espectadores de un accidente de tráfico.

Entonces, su visión se aclaró por completo.

A través del espacio, al otro lado de la extensión turquesa de la alberca, lo vio.

Ricardo.

Estaba de pie, una figura imponente recortada contra las luces del club.

Ya no miraba a Natalia, que ahora era atendida por un enjambre de personal y por un Adrián Morales que había asumido el papel de médico preocupado.

Ricardo la estaba mirando a ella.

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