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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 218

A medida que Alejandra se hundía, el mundo exterior comenzó a desvanecerse. Los sonidos del caos en la superficie —los gritos, las sirenas distantes, el chapoteo del agua— se convirtieron en un murmullo sordo y amortiguado, como si los escuchara a través de una gruesa pared de algodón.

Las luces del club, que antes eran puntos brillantes y definidos, se distorsionaron sobre ella. Se estiraron y se fundieron, convirtiéndose en largas cintas de luz temblorosa, como auroras boreales en un cielo acuático y oscuro. La realidad se estaba deshaciendo.

Y en ese espacio entre la vida y la nada, el tiempo se rompió.

El frío del agua de la alberca se fusionó con otro frío. El frío del viento silbando en sus oídos mientras caía.

Un flashback, no como un recuerdo sino como una sensación revivida, la golpeó con la fuerza de un impacto físico.

Ya no estaba en la alberca. Estaba en el aire.

Estaba de nuevo en el último piso de ese edificio en construcción, el logo de "Grupo Estevez" a su espalda como una lápida. La pequeña urna de madera con las cenizas de Luna, fría en sus manos. El viento de la tarde en su rostro. La decisión. El paso al vacío.

La caída.

La sensación era idéntica. El mismo vértigo desgarrador. La misma impotencia absoluta mientras el suelo de la ciudad se precipitaba hacia ella. La misma comprensión de que no había vuelta atrás.

Pero no era solo la sensación física lo que era igual. Era algo más profundo, más doloroso.

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