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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 216

El caos en la superficie era una sinfonía de pánico. Gritos. El sonido de sillas de metal siendo arrastradas. Alguien, en algún lugar, llamaba a seguridad con una voz aguda y temblorosa. Pero bajo el agua, reinaba un silencio espeso y distorsionado.

En el borde de la alberca, dos hombres reaccionaron. Dos depredadores alfa viendo a su presa en peligro.

Ricardo se arrancó el saco de diseñador con un solo movimiento violento, la tela cara arrojada al suelo sin pensarlo. Adrián, a su lado, hizo lo mismo, sus movimientos eran un espejo de los de Ricardo, una simetría de urgencia masculina.

No hubo una palabra entre ellos. No hubo un plan coordinado. Solo un instinto primario, una necesidad de actuar, de demostrar, de poseer.

Sin dudarlo un segundo, saltaron a la alberca.

El agua explotó con su entrada, dos chapoteos potentes que enviaron ondas a través de la superficie iluminada.

La cámara, si hubiera sido una película, habría seguido sus movimientos bajo el agua en una toma lenta y brutalmente clara. Dos cuerpos poderosos, cortando el agua clorada con una urgencia y determinación que eran casi hermosas en su ferocidad. Sus ojos estaban abiertos, fijos en su objetivo, burbujas de aire escapando de sus labios en estelas plateadas.

Nadan con la precisión de tiburones que han olido sangre.

Y nadan directamente hacia Natalia.

Ella era el faro en su tormenta. La víctima designada. La mujer embarazada cuyo grito había detonado el caos. Su teatro de chapoteos y súplicas era el centro de su universo.

Alejandra, mientras tanto, se hundía en una trayectoria lenta y silenciosa. Su cuerpo, habiendo perdido la batalla contra el pánico y el peso de su vestido, se rendía a la gravedad. Era una sombra descendiendo en la oscuridad azul, una nota silenciosa en la ópera del pánico de Natalia.

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