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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 203

La respuesta de Alejandra a su amenaza fue el silencio. Un silencio que lo desarmó. No retrocedió. No mostró miedo. Simplemente lo observó con esos ojos tranquilos y profundos que parecían ver a través de su fachada de poder, directamente a la obsesión que lo carcomía por dentro.

Su calma lo enfureció aún más. Estaba acostumbrado a que la gente reaccionara a su ira, a su poder. Se alimentaba de ello. Pero ella no le daba nada.

Se inclinó más sobre la mesa, invadiendo su espacio, su voz bajando a un susurro aún más peligroso. El olor de su costosa colonia era abrumador.

—Natalia es frágil —dijo, como si describiera una pieza de porcelana invaluable—. Tiene un alma de artista. Es delicada. No está hecha para este mundo cruel.

Hizo una pausa, su mirada recorriéndola de arriba abajo, un gesto clínico, despectivo.

—Tú eres… diferente. Eres una superviviente. Una mala hierba que crece en las grietas del concreto. Una plaga que hay que erradicar.

Sus palabras eran tan precisas como los cortes que hacía en un quirófano. Cada una elegida para herir, para deshumanizar.

—Y yo soy muy bueno en mi trabajo —continuó, una sonrisa helada curvando sus labios—. Soy meticuloso. Preciso. Sé exactamente dónde cortar para que no quede cicatriz visible. Para que por fuera todo parezca normal. Pero el daño… el daño sea interno. Permanente.

La amenaza era inequívoca. No hablaba de violencia física. Eso era burdo, indigno de él. Hablaba de una destrucción mucho más sofisticada. Hablaba de arruinar su vida de una forma tan completa, tan metódica, que nadie podría culparlo. Hablaba de destruir su reputación, sus futuras oportunidades, su paz mental. De extirparla de la sociedad como si fuera un tumor.

Alejandra sintió un escalofrío, pero no lo dejó traslucir. Sabía que estaba frente a un tipo de enemigo diferente. Sofía era una matona. Natalia era una manipuladora. Pero Adrián… Adrián era un sociópata con recursos ilimitados y una obsesión enfermiza. Era, con mucho, el más peligroso de todos.

No podía mostrar debilidad. Ni por un segundo.

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