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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 200

El silencio en el pasillo se estiró durante tres largos segundos, una eternidad cargada de tensión. Ricardo sintió que sus puños se apretaban a sus costados, un gesto inconsciente de su frustración y su impotencia. Esperaba algo. Un grito. Una acusación. Una palabra. Cualquier cosa que le diera un ancla en la tormenta de su confusión.

Pero Alejandra no le dio nada de eso.

En lugar de eso, después de esos tres segundos que parecieron una vida, hizo algo completamente inesperado. Algo pequeño, casi imperceptible, pero que fue más devastador que cualquier grito.

Una levísima sonrisa tocó la comisura de sus labios.

No era una sonrisa de alegría. No era una sonrisa de burla. Era una sonrisa de puro y absoluto poder. Era la sonrisa de alguien que ve el tablero de ajedrez completo, que está cinco movimientos por delante, y que acaba de confirmar que su oponente ha caído exactamente en la trampa que le había tendido. Era una sonrisa que decía: Lo sé todo. Y no puedes hacer nada para detenerme.

Fue el reconocimiento silencioso y definitivo de su victoria.

Y entonces, con la misma calma deliberada, rompió el contacto visual. No apartó la mirada con sumisión. Simplemente se desconectó, como si la conversación hubiera terminado.

Le dio la espalda.

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