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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 196

Las luces del estudio se volvieron crudas, blancas y funcionales, despojando al set de toda su magia televisiva. El público se retiraba en un murmullo excitado, y el equipo de producción comenzaba a moverse con la prisa del desmontaje. La batalla había terminado, y el campo quedaba sembrado de los restos: estaciones de cocina sucias, ingredientes a medio usar y la tensión residual de la competencia.

En medio de todo, Alejandra comenzó a limpiar su estación.

No esperaba a que un asistente lo hiciera por ella. Era un ritual, una forma de cerrar el ciclo. Limpió la superficie de acero inoxidable hasta que volvió a brillar, lavó el comal donde había tatemado los elotes, y guardó sus cuchillos en su estuche con un cuidado metódico. Cada movimiento era deliberado, una meditación en acción.

Christian Herrera, el presentador, se acercó a ella, ya sin su sonrisa de anfitrión, su rostro mostrando un genuino y profundo respeto.

—Felicidades, Alejandra —dijo, su voz más baja y sincera ahora que las cámaras estaban apagadas—. En todos mis años en este negocio, nunca había visto algo así. Ha sido la defensa más brillante y la remontada más espectacular que he presenciado. De verdad, felicidades.

Alejandra levantó la vista de su trabajo. Le ofreció una pequeña y cortés inclinación de cabeza.

—Gracias, Christian. Aprecio sus palabras.

Eso fue todo. No hubo una sonrisa radiante ni un torrente de agradecimientos. Su calma era desconcertante. Para ella, esto no había sido un triunfo para celebrar con champán. Había sido una ejecución necesaria. Un paso en un camino mucho más largo y oscuro.

Christian pareció entenderlo. Asintió, le dio una palmada en el hombro y se retiró, dejándola con su trabajo.

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