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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 174

La pesada puerta de metal se abrió de nuevo, inundando el pasillo con la brillante luz del estudio. Alejandra salió de la despensa, parpadeando ligeramente para acostumbrarse al resplandor.

Y el estudio entero se quedó en silencio por segunda vez.

Si su desafío a las reglas había causado conmoción, su regreso causó una incredulidad casi cómica.

Salió con los brazos cargados. No con exóticos cortes de carne ni con delicados mariscos. Salió cargando mazorcas de maíz azul, un manojo de flores de calabaza de un naranja escandaloso y trozos de huitlacoche, oscuros y deformes.

Regresó a su estación con la dignidad de una reina portando sus joyas, pero para los ojos de la élite culinaria, parecía una campesina regresando del mercado del pueblo.

El contraste visual era impactante y fue capturado brillantemente por las cámaras.

En la estación siete, el chef de Polanco estaba sellando un corte de wagyu A5, la grasa marmoleada chisporroteando sobre la plancha.

En la estación doce, una chef de la Condesa estaba preparando una delicada espuma de bogavante.

En la estación trece, Alejandra depositó con cuidado sobre la mesa de acero inoxidable los ingredientes de la tierra, los productos humildes que alimentaban a millones de mexicanos cada día.

Se escuchó una risa ahogada en las gradas del público. Luego otra.

Uno de los concursantes, un joven pretencioso que se especializaba en cocina molecular, no pudo contenerse. Se inclinó hacia su compañero y murmuró, lo suficientemente alto para que el micrófono de su estación lo captara:

—¿Es en serio? ¿Va a hacer quesadillas?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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