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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 164

De vuelta en el fragor de la batalla culinaria, el estudio era un hervidero de actividad. El aire se estaba espesando con los primeros aromas: cebollas friéndose, ajos dorándose, el perfume de las hierbas frescas al ser picadas. El reloj digital gigante era un tirano silencioso, devorando los segundos con una indiferencia implacable.

Christian Herrera, el presentador, volvió a tomar la palabra, su voz resonando con una emoción manufacturada para la televisión.

—¡Muy bien, chefs! Han tenido unos minutos para establecer su estrategia con los ingredientes básicos, ¡pero sabemos que la verdadera magia, la firma de cada uno de ustedes, reside en esos ingredientes especiales que han solicitado!

Hizo un gesto hacia la entrada del estudio.

—¡Chefs, sus cajas de ingredientes especializados están llegando a sus estaciones!

Como si hubieran sido invocados, varios miembros del staff, vestidos de negro y moviéndose con una eficiencia coreografiada, entraron al estudio empujando carritos de metal. Sobre los carritos descansaban veinte cajas de madera de pino, de aspecto rústico y selladas con una pequeña grapa. Cada una llevaba un número pintado con plantilla, del uno al veinte.

Un murmullo de alivio y emoción recorrió a los concursantes. Para muchos, esas cajas contenían el alma de su plato, el ingrediente clave que los diferenciaría del resto.

Las cámaras se movieron con agilidad, capturando el drama del momento.

En la estación siete, un joven chef de Guadalajara recibió su caja. La abrió con manos temblorosas y sacó un trozo de trufa negra del tamaño de un puño. Sus ojos se abrieron de par en par y una sonrisa de puro alivio iluminó su rostro. Miró a la cámara y asintió, como diciendo: "Ahora empieza el juego".

En la estación dieciocho, una chef de Ensenada abrió su caja para revelar un tesoro de mariscos frescos, percebes y erizos de mar todavía moviéndose, empacados en hielo seco que liberaba una niebla dramática. Suspiró aliviada. Su platillo, un aguachile deconstructivista, dependía enteramente de la frescura de esos ingredientes.

El reparto continuó. Estación por estación, los carritos avanzaban, dejando una estela de cajas y concursantes felices. Los sonidos de martillos pequeños golpeando las grapas para abrir las tapas se unieron a la sinfonía de la cocina.

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