Entrar Via

El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 145

La pantalla holográfica en la oficina de Adrián Morales proyectaba un calendario social y empresarial de la Ciudad de México para los próximos seis meses. Era un torbellino de galas, inauguraciones, torneos de polo y subastas benéficas. Un mapa de los lugares donde el poder y el dinero se reunían para reafirmarse.

Iñaki, su jefe de analistas, pasaba las páginas virtuales con un gesto de la mano.

—El festival de cine de Morelia es en dos meses. Podríamos filtrar una historia negativa a la prensa de espectáculos…

—No —lo cortó Adrián, su voz era plana—. Demasiado ruido. Quiero un escenario, no una pelea de lodo. Siguiente.

—La semana de la moda. Podríamos…

—Predecible —dijo Adrián, sin siquiera mirarlo. Su mirada estaba fija en la cascada de eventos, buscando no solo una oportunidad, sino la oportunidad perfecta. Un lugar donde las reglas del juego pudieran ser sutilmente reescritas a su favor.

Y entonces, lo vio.

Era un evento más pequeño, menos glamoroso que una gala, pero infinitamente más letal en su potencial. "Anuncio de la Convocatoria Anual: Concurso Joven Chef de México".

—Detente ahí —ordenó.

Iñaki congeló la imagen. Adrián se levantó y se acercó a la pared, sus ojos entrecerrados, analizando cada detalle. Era un concurso de prestigio, conocido por lanzar las carreras de nuevos talentos culinarios. Un escenario donde la habilidad, la técnica y la creatividad eran, supuestamente, los únicos jueces.

El escenario perfecto para una ejecución pública.

Sus ojos bajaron a la letra pequeña, al pie del anuncio del año anterior. La lista de patrocinadores principales.

Y allí estaba. La alineación perfecta de los planetas. "Grupo Estevez". Y a su lado, "Farmacéutica Morales".

Una sonrisa lenta y depredadora se dibujó en el rostro de Adrián. Era más que perfecto. Era el destino. Su familia ya era patrocinadora. Tenía influencia. Tenía acceso. Podía mover los hilos desde dentro sin que nadie se diera cuenta.

—Este es el lugar —dijo, más para sí mismo que para su equipo.

Regresó a su silla, su mente trabajando a la velocidad de la luz, las piezas del plan encajando con una claridad escalofriante. No necesitaba crear una grieta en la armadura de Alejandra. Iba a invitarla a un torneo donde ella, voluntariamente, se quitaría la armadura y se expondría, creyendo que su talento era suficiente para protegerla.

Tomó su teléfono. No el personal. El de la oficina. El que usaba para mover el mundo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra