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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 138

El goteo se convirtió en un arroyo. El arroyo en un río. Y el río, en un tsunami digital.

A las once de la mañana, una hora después del lanzamiento, el video ya no les pertenecía. Había sido adoptado por la furia colectiva de internet. El contador de vistas en la cuenta de TikTok más exitosa, "Justicia Coyoacán", saltó de mil a diez mil en cuestión de minutos. Luego a cincuenta mil.

Un conocido influencer de chismes, de esos que se alimentan del drama de la alta sociedad, encontró el video. Hizo un "dúo" en TikTok, reaccionando en tiempo real a la confesión de Paulina, su rostro era una máscara de horror y deleite. Su video obtuvo cien mil vistas en treinta minutos. Fue el acelerante que el fuego necesitaba.

Al mediodía, #LadySabotaje apareció en la lista de tendencias de Twitter México, en el número quince. A la una de la tarde, estaba en el número cinco. A las tres, era el tema de conversación número uno en todo el país.

El video estaba en todas partes. En los noticieros de YouTube. En las historias de Instagram de celebridades menores. En los muros de Facebook de tías indignadas. La gente no solo lo compartía; lo diseccionaba.

Los detectives de internet hicieron su trabajo. Aunque el video nunca mencionaba a Sofía por su apellido, la conexión con los Estevez y el incidente del mercado fue suficiente. En menos de una hora, alguien publicó una captura de pantalla del perfil de Paulina, junto a una foto de ella con Sofía en una fiesta.

El nombre "Sofía Estevez" comenzó a inundar los comentarios. Su perfil de Instagram, antes un remanso de lujo y privilegio, se convirtió en una zona de guerra.

La escena cambió a una suite en un hotel de lujo en St. Barts. Sofía Estevez estaba acostada junto a la piscina, ajena a todo, quejándose con una amiga por el servicio a la habitación. Su teléfono, que había estado en silencio, comenzó a vibrar sin control.

—Qué raro —dijo, molesta por la interrupción—. Probablemente mi madre, preguntando si me puse bloqueador.

Abrió Instagram. Y el mundo se le vino encima.

La pantalla de notificaciones era un torrente rojo incomprensible. Cientos, luego miles de comentarios y menciones. Su número de seguidores estaba cayendo en picado, mientras que las solicitudes de seguimiento de perfiles sospechosos se disparaban.

Abrió los comentarios en su última foto, una pose aburrida con un coco en la mano.

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