La mañana siguiente fue el día D. El taller mecánico se había transformado en un centro de comando. En lugar de desarmar motores, estaban a punto de desarmar una reputación. Alejandra y Valeria, junto con El Byte, el hacker flacucho del Eje Central, se sentaron alrededor de una mesa improvisada hecha con un capó de coche. El aire estaba cargado de cafeína y anticipación.
El primer paso fue crear los avatares. No podían lanzar la bomba desde sus cuentas personales. Necesitaban un ejército de fantasmas.
—Nombres de usuario —dijo Alejandra, su voz era la de una estratega planeando una invasión—. Necesitan sonar auténticos. "Justicia Coyoacán". "La Voz del Mercado". "El Comal Caliente". "Verdad Chilanga".
El Byte tecleaba a una velocidad inhumana, sus dedos eran un borrón sobre el teclado. En menos de media hora, había creado una docena de cuentas nuevas en TikTok e Instagram. Cuentas fantasma, sin seguidores, sin historial. Perfectas para un ataque relámpago.
Subieron el video a un servidor privado. El Fantasma se había asegurado de borrar todos los metadatos, cualquier huella digital que pudiera rastrearlos hasta él o hasta el taller. El archivo era anónimo, un arma sin dueño.
—Listos —dijo El Byte, levantando la vista de su laptop—. Todas las cuentas están cargadas con el video. Esperando la orden.
Alejandra miró a Valeria. Este era el momento.
—El objetivo es la saturación —dijo Alejandra—. No podemos darle tiempo a la gente de pensar. Tenemos que inundarlos. Lo subimos todo a la vez. Diez de la mañana en punto. Es la hora en que la gente toma su primer descanso para el café y revisa sus teléfonos.
Contaron los minutos en el reloj de pared del taller, sus manecillas grasientas moviéndose con una lentitud tortuosa. El tic-tac del video de la noche anterior parecía resonar en la cabeza de Alejandra.
Cuando el reloj marcó las diez, Alejandra dio la orden.
—Ahora.
Con un clic sincronizado, el video fue liberado. La bomba fue lanzada desde una docena de ángulos diferentes, cada cuenta anónima subiendo el mismo clip de un minuto y quince segundos, todos con los mismos hashtags cuidadosamente seleccionados: #LadySabotaje, #Coyoacan, #JusticiaParaRaiz, #EmprendedorasMexicanas, y el más audaz de todos, #FamiliaEstevez.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...