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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 133

La pantalla del teléfono de Valeria iluminaba el rostro concentrado de Alejandra en la penumbra del taller. Deslizaba el dedo una y otra vez sobre las fotos del perfil de Paulina de la Garza, estudiando cada selfie, cada pose, cada pie de foto pretencioso. Era un mosaico de vanidad y desesperación.

—No es suficiente —dijo Alejandra finalmente, su voz era un murmullo pensativo que apenas se elevaba sobre el zumbido de un viejo refrigerador—. Sabemos que fue ella. Sabemos que Sofía está detrás de todo. Pero es nuestra palabra contra la de ellas. Si las confrontamos, lo negarán. Dirán que estamos ardidas por la clausura y que inventamos todo.

Valeria, sentada frente a ella en el capó de un Mustang a medio reparar, cruzó los brazos. La euforia de la noche anterior se había asentado en una impaciencia afilada.

—¿Entonces qué? ¿Dejamos que se salgan con la suya?

—No —respondió Alejandra, una luz peligrosa parpadeando en sus ojos—. Las hacemos confesar. O, mejor dicho, hacemos que la peón confiese y nos entregue a la reina.

Dejó el teléfono y se levantó, su mente trabajando a una velocidad vertiginosa, conectando las debilidades de su enemiga como si fueran puntos en un mapa estelar.

—¿Qué es lo que más quiere Paulina? ¿Qué la hizo aceptar este trabajo sucio en primer lugar?

—Lana y atención —respondió Valeria sin dudarlo—. Quiere aparentar una vida que no tiene.

—Exactamente. Es codiciosa y egocéntrica. Y esas dos cosas la hacen increíblemente predecible —Alejandra comenzó a caminar por el taller, sus pasos eran lentos y deliberados—. No podemos acercarnos a ella como Alejandra y Valeria. Nos verá venir a un kilómetro de distancia. Pero podemos acercarnos a ella como lo que más desea en el mundo: una oportunidad.

El plan comenzó a tomar forma en su mente, claro y afilado como un fragmento de obsidiana.

—Vamos a tenderle una trampa. Y vamos a usar su propia avaricia como cebo.

Pasaron las siguientes horas construyendo una nueva identidad. Alejandra, usando una laptop y una conexión a internet segura, se sumergió en el mundo de los despachos de abogados de lujo. Creó un personaje: la Licenciada Sofía Morales, una supuesta abogada especializada en demandas de alto perfil contra empresas de cosméticos. Una cazadora de ambulancias con traje de diseñador.

Compró un dominio web por un año. Usó una plantilla para crear una página de aspecto profesional y minimalista: "Morales & Asociados - Defendiendo al Consumidor". Compró una foto de archivo de una mujer de aspecto inteligente y despiadado y la puso en la sección "Nuestro Equipo". Creó una cuenta de correo electrónico y un perfil falso en una red social profesional, llenándolo con conexiones inventadas y logros ficticios. Era una farsa, pero una farsa meticulosa y creíble.

Cuando la identidad estuvo lista, Alejandra redactó el mensaje. Cada palabra fue elegida con el cuidado de un envenenador midiendo una dosis.

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