Pasaron menos de veinticuatro horas. La red de Valeria era más rápida y eficiente que cualquier sistema burocrático.
La mañana del lunes, mientras Alejandra se obligaba a asistir a la preparatoria, actuando con una normalidad que no sentía, su teléfono vibró en su bolsillo. Era un mensaje de Valeria.
"Bingo".
Alejandra se excusó de su clase, alegando un malestar estomacal, y se encerró en un cubículo del baño. Llamó a Valeria.
—Habla —dijo en voz baja.
—El Byte es un genio —dijo la voz emocionada de Valeria al otro lado de la línea—. El perfil de la tal Paulina era privado, pero eso para él es como un chiste. Lo abrió en cinco minutos. Y estuve revisando todo. Es una enciclopedia de la vida falsa, fresita.
Alejandra escuchaba, su corazón comenzando a latir más rápido.
—Es una niña de papi de Tecamachalco —continuó Valeria, su tono era una mezcla de desprecio y diversión—. Pero según mis fuentes, el "papi" está hasta el cuello en deudas. Ella presume un estilo de vida que claramente no puede costear. Ropa nueva cada semana, viajes que no publica pero de los que se jacta… alguien la está financiando.
—Sigue —la instó Alejandra.
—Y aquí es donde se pone bueno. Empecé a revisar sus seguidores, sus fotos etiquetadas, sus comentarios. Buscando un patrón. Y lo encontré.
Hubo una pausa dramática. Alejandra contuvo el aliento.
—Hace unos meses, hay un montón de fotos de ella en los mismos eventos que otra persona de tu… círculo. Fiestas, inauguraciones, fines de semana en Valle de Bravo. Siempre están en el mismo grupo. Adivina con quién.
Alejandra cerró los ojos. Ya sabía la respuesta.
—Sofía —susurró.
—Exactamente —confirmó Valeria—. Sofía Estevez-Rojas Ibáñez. No son mejores amigas, pero claramente se mueven en la misma órbita de víboras. La conexión está ahí. Es débil, pero existe.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...