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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 104

La columna de Penny "La Lince" de la Cueva se publicó a las cuatro de la tarde de un viernes, el momento perfecto para que el veneno se diseminara durante el fin de semana. El titular era una obra maestra de la malicia, una bomba envuelta en papel de seda:

"La ¿Mala Suerte? de los Estevez: ¿Hay una Nueva Reina en el Tablero?"

En cuestión de minutos, el artículo se convirtió en un incendio forestal digital.

En los grupos de WhatsApp de Polanco, Las Lomas y el Pedregal, el enlace se compartió con emojis de ojos abiertos y tazas de té. Los teléfonos vibraban en las mesas de los restaurantes de lujo, en las bolsas de diseñador durante las sesiones de compras en Masaryk, en los clubes de golf mientras los maridos cerraban tratos.

La narrativa cuidadosamente construida alrededor de Natalia Fuentes, la chef prodigio, la salvadora social de los Estevez, comenzó a resquebrajarse.

En Instagram, el cambio fue brutal y casi instantáneo. Las últimas fotos de Natalia, donde mostraba su anillo de compromiso con una sonrisa radiante, se convirtieron en un campo de batalla. Los comentarios pasaron de "¡Felicidades! ¡Hacen una pareja hermosa!" a algo mucho más insidioso.

"¿Es cierto que por tu culpa suspendieron a la prima de tu novio?", preguntaba un perfil anónimo.

"Oye, @NataliaFuentesChef, mi tía dice que eres mala suerte para los Estevez. ¿Qué opinas?", escribía otro.

"Wow, primero los primos, ¿quién sigue? ¿El abuelo?", comentaba un tercero con sarcasmo.

El equipo de relaciones públicas de Ricardo, alertado por el pánico, comenzó a borrar los comentarios frenéticamente, pero era como intentar vaciar el océano con un cubo. Por cada comentario que borraban, aparecían diez más. La fachada pública de Natalia, tan perfecta, tan impecable, sufría su primer golpe. La grieta era pequeña, pero visible para todos.

Mientras tanto, en el Club de Industriales, un bastión de poder y dinero viejo en el corazón de la Ciudad de México, Don Guillermo Estevez disfrutaba de su coñac post-comida. El ambiente era de tranquila satisfacción, el murmullo de hombres poderosos discutiendo el destino del país.

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