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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 832

Con un tirón repentino, Marisa fue arrancada bruscamente de la cama por él.

Fue arrastrada hasta el sofá. Rubén tomó el secador de pelo y, con una ráfaga de aire cálido, su mano comenzó a alisar los húmedos mechones de ella.

Ella forcejeó, pero no sirvió de nada.

Rubén, de pie junto al sofá, la miraba con una seriedad abrumadora.

—Dormir con el cabello mojado no solo te dará dolor de cabeza, sino que te vas a resfriar. ¿Ya eres una mujer adulta y todavía no sabes cuidarte sola?

Marisa levantó la mirada, resentida, y clavó sus ojos en los de Rubén.

—¿Acaso no lo ves? Durante todo el tiempo que brillaste por tu ausencia, me cuidé perfectamente. Mi vida estaba en completo orden.

La mano de Rubén se detuvo un instante en su cabello. No respondió, simplemente se concentró en seguir secándolo.

Fue tan meticuloso que se aseguró de que cada mechón quedara cálido y seco.

El tacto ligeramente frío de su palma le provocó a Marisa una fugaz ilusión, como si el tiempo hubiera retrocedido.

Afuera, la lluvia había amainado, repiqueteando suavemente contra el suelo. En el interior, bajo la cálida luz amarilla, él sostenía el secador, tratando su cabello con una delicadeza absoluta.

Esa escena la hizo sentir como si nunca se hubieran separado.

Rubén admiraba su cabello, ahora seco, cálido y sedoso, como si estuviera contemplando una obra de arte.

Marisa apartó la mirada; no quería seguir viéndolo.

Ese rostro suyo era una trampa; a veces, si lo miraba demasiado, era fácil perderse en él.

—Listo, ya tengo el cabello seco. ¿Ya puedo irme a dormir?

Capítulo 832 1

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